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Ernesto Mejía, el último japonés

Japón era una rareza para los aficionados venezolanos en los tiempos de Robert Marcano. Que un pelotero criollo viajara al Lejano Oriente, y más aún, que se convirtiera en estrella, tan lejos, era casi una extravagancia.

 

Los tiempos han cambiado. Japón es, hoy por hoy, una mala noticia para la fanaticada nacional, en líneas generales, a pesar de las obvias excepciones.

 

Por supuesto, abundan los comentarios felices respecto al salario y el estatus que disfruta cada nuevo legionario. Pero cuando un nativo firma con un equipo del archipiélago, como acaba de hacer Ernesto Mejía, lo primero que pasa por la mente de muchos es que el anuncio también es la despedida del jugador en cuestión, a quien ya no se verá nuevamente en la LVBP.

 

Este temor es cierto, aunque no todos los casos son iguales.

 

Alex Cabrera brilló en suelo nipón y a pesar de ello incluyó siempre en su contrato una cláusula que le permitiera jugar en Venezuela.

 

Otros no triunfaron en aquel circuito, como Edwin Hurtado, Robert Pérez o Giovanni Carrara, y por ello pudieron seguir actuando aquí.

 

El joven Kevin Moscatel es uno de los ejemplos más recientes, aunque el suyo es un caso único, al militar en las ligas menores japonesas y tener permiso para reforzar, por lo menos durante una parte de la campaña, a sus Caribes en la liga local.

 

Hay 34 venezolanos documentados en la NPB, las grandes ligas asiáticas. Marcano fue el primero y hasta 1998 nunca hubo más de uno al mismo tiempo. Al adiós del antesalista siguió la llegada de Luis Mercedes Sánchez. Luego del relevista le tocó a Johnny Paredes. Al regresarse Paredes viajó Pedro Castellano.

 

El boom para los criollos comenzó a finales del siglo 20 y sobre todo a partir del éxito de Roberto Petagine, Cabrera y Alex Ramírez, que quizás pisaron el aeropuerto internacional de Tokio con la frustración de no haber hallado espacio en las mayores y terminaron ganando el premio al Jugador Más Valioso de la liga Central o del Pacífico en algún momento de sus carreras.

 

El trío impuso récords, se ganó a la afición oriental y logró sueldos millonarios que garantizan la manutención de sus hijos y nietos. Valió la pena probar suerte tan lejos. Hasta se convirtieron en ídolos de la cultura pop de aquellas tierras, como le pasó a Marcano.

 

¿Será Mejía el próximo? Tiene todo para que sea así: poder, experiencia, aptitudes para pelear un puesto en la gran carpa. Si empalma cuadrangulares con la misma frecuencia con que lo ha hecho en triple A y la LVBP, será el sucesor de aquellos cuatro.

 

La afición zuliana tiene fundados temores con el viaje del portugueseño. Existe el temor de que, como pasó con Petagine o Ramírez, no se le vea más por acá.

 

Recordemos de nuevo que muchos expedicionarios allá vinieron a la pelota invernal sin problemas, como Oscar Salazar, Edgardo Alfonzo, Miguel Socolovich, José Castillo o Luis Jiménez.

 

Claro, ninguno de ellos resultó ser un jugador estelar y en muchos casos su primera experiencia en la NPB fue también la única.

 

Puede que Mejía se esté despidiendo de nuestra pelota. Su actual contrato es por algunos cientos de miles de dólares, mucho mejor que en las menores de Atlanta.. Y si da jonrones, le ofrecerán un pacto por varios millones de dólares a partir de 2015. Nadie rechaza esa cantidad, incluso si es con la condición de faltar a las Águilas.

 

El slugger no recibió la oportunidad de probar su habilidad en las mayores. A cambio, tiene el chance de probar suerte, ganar mucho dinero y fama en un país que ama el beisbol.

 

Quizás no regrese a su país, lo que será un muy duro golpe para las Águilas. Pero hay que desearle suerte. Tendrá la oportunidad de asegurar su futuro y de vivir la gloria de ser idolatrado por la gente, como Petagine o Ramichan.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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