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Magglio Ordóñez | AP

Magglio Ordóñez | AP

Nos pasamos un año comparando a Avisaíl García con Miguel Cabrera, para terminar dándonos cuenta de que el espejo ideal para él es Magglio Ordóñez. El cambio a tres bandas que envió a Brayan Villarreal a los Medias Rojas y al joven torpedero Cleuluis Rondón a los Medias Blancas, como parte del grupo de siete peloteros que participaron de la transacción que puso en Boston al as Jake Peavy, tuvo un giro algo inesperado, debido a las elogiosas palabras que el manager de los Tigres, Jim Leyland, empleó siempre, al hablar de García como una parte importante del futuro de su divisa.

Las cosas son así en las grandes ligas; el prospecto Nick Castellanos está muy cerca de dar el salto y de pronto el venezolano se convirtió en la carnada para que Detroit consiguiera a su campocorto del futuro, José Iglesias. ¿Qué le espera al "pequeño Miggy", como le dicen al anzoatiguense desde que fue subido a las mayores en 2012, debido a su parecido con Cabrera? García tiene 22 años de edad. Como Ordóñez, defiende los jardines, se proyecta como patrullero derecho y tiene un potencial ofensivo que debe florecer en el US Cellular Field, su nueva casa. No ha dado muestras de ser un jonronero, hasta ahora. Su tope en una temporada es 14, entre clase A avanzada y doble A, en la campaña pasada. En cambio, ha bateado para average consistentemente, conforme ha avanzado en las granjas de los felinos; mueve bien las piernas, con dos cosechas sobre 20 bases robadas, y cubre buen terreno en el outfield. Ordóñez era un pelotero muy similar a él, mientras crecía en las menores. La línea ofensiva de ambos es casi exacta, comparando el acumulado de todas las categorías, desde novatos hasta triple A. El nativo de Coro dejó promedios de .270/.328/.419 contra .289/.323/.407 del natural de Anaco. Poca disciplina en el home, podría concluirse, a priori. No mucho poder.

Pero está visto que el promedio de embasado puede crecer con los años, si existe la determinación de dominar la zona de strike, y los jonrones escasean cuando el pelotero tiene tan poca edad, salvo que se trate del propio Cabrera y otros casos aislados. Si García continúa su desarrollo, y ahora mismo tiene una línea de .374/.410/.537 en triple A, no hay motivos que sugieran que dejará de progresar.

Tendrá el camino libre para consolidarse como una de las figuras de la expedición nacional, como hizo en su momento su compatriota.

En Chicago quieren abrirle un lugar para que juegue a diario y contará con la ventaja de disputar la mitad de sus encuentros en uno de los parques más ofensivos de la Liga Americana, el escenario donde, no por casualidad, Ordóñez consiguió sus cuatro cosechas de 30 cuadrangulares o más.

Para Villarreal y Rondón es diferente. El primero respirará nuevos aires, sigue siendo un pitcher con condiciones excepcionales y tendrá la oportunidad de recuperar el crédito de su alto mando, luego de quedar fuera del roster de postemporada el año pasado y ser enviado a las menores a poco de comenzar el actual torneo. Cuando los Medias Rojas lo lleven de regreso a las mayores, tendrá que lanzar en un parque diminuto por las rayas y con la desventaja de tener el Monstruo Verde a todo lo ancho del left. Su futuro en Boston dependerá de su capacidad para ponchar y hacer que le bateen por el suelo. Rondón es muy joven aún. Nació en Maracay, hace 19 años, y está apenas en clase A corta. La vida en el beisbol profesional apenas empieza para él, a diferencia de Villarreal, a quien se le abre una oportunidad, y sobre todo de García, quien llega al lugar ideal para cumplir con el sueño de convertirse en jugador estelar.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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