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Dopaje, suspensiones y el futuro de la LVBP

Apuntes sobre la convención anual del beisbol profesional (I)

 

Los propietarios y gerentes generales de los ocho equipos se verán en Margarita en sólo 72 horas. Allí, y con la participación de la junta directiva de la LVBP, se decidirá el futuro inmediato de la pelota profesional, su calendario y hasta el número de equipos que disputarán los próximos playoffs.

 

¿Podemos esperar cambios drásticos? A menudo, la convención anual discurre sin grandes novedades. En esta ocasión, y si se cumple la agenda, no será así.

 

Cosas importantes ocurrirán en suelo neoespartano.

 

El diseño de una política antidopaje es, por supuesto, la mayor novedad y el más grande filón noticioso. Existe la disposición de dejar sentadas las bases para limpiar la reputación de la liga, severamente cuestionada por una parte importante de la fanaticada, debido al escándalo de Alex Cabrera.

 

Aunque Cabrera no dio positivo en Venezuela y es imposible garantizar que consumió esteroides aquí, a fin de lograr la Triple Corona y batir el récord de Baudilio Díaz, es casi una ingenuidad no unir los puntos y aceptar la sospecha de que alguien con 42 años de edad, con un caso de dopaje irrebatible en México, muy poco después de lograr la marca, y con un pasado que le vincula al dopaje, no haya hecho lo mismo para regresar en grande a la LVBP.

 

Entre los propietarios y gerentes existe consenso casi unánime en cuanto a que los sucesos protagonizados por el Samurái dañan la imagen de un circuito que se jacta, con buenas razones, de ser el mejor organizado del Caribe.

 

Para llevar a la práctica el control antidopaje será necesario tener reglas claras, castigos severos y, lo más difícil, contar con el financiamiento para realizar los exámenes. Hay planes optimistas para salvar este punto.

 

Es vital que en Margarita se acuerden algunos aspectos adicionales para que la lucha contra el uso de sustancias prohibidas tenga mayor eficacia. Son aspectos que pone en práctica el deporte federado y recomienda el Reporte Mitchell presentado por el comisionado de la MLB: que los despistajes sean por sorpresa, que los castigos sean severos y que un pelotero pueda ser examinado varias veces por temporada, si lo determina el sorteo.

 

No estaría mal aplicar una norma de la lucha mundial antidoping: que todo jugador entre los líderes de los principales departamentos de pitcheo y bateo sean sometidos a un control sorpresa durante la zafra.

 

Esto no eliminará del todo la trampa, pero le dará credibilidad a la lucha contra ella y, sobre todo, será una clara muestra de la voluntad de los equipos por mantener la buena reputación del pasatiempo nacional.

 

Algún ejecutivo ha sugerido en privado la posibilidad de considerar suspensiones en la LVBP para quienes den positivo en ligas extranjeras. Esto es delicado, por cuanto no es justo castigar a una persona dos veces por una misma falta. Sin embargo, no estaría mal poner en práctica un procedimiento para que los infractores afuera no pasen sin más por acá.

 

Un jugador que haya dado positivo en las mayores, las menores, México o Japón, por ejemplo, pudiera ver acción en Venezuela, como ha sido hasta ahora, pero con el compromiso de realizar una rueda de prensa para manifestar su rechazo al dopaje y, sobre todo, cumplir horas de trabajo social obligatorio, con clínicas y charlas en campos del beisbol menor, donde atienda aspectos técnicos del juego, pero donde también dé ejemplo y recomendación sobre los perjuicios que puede traer el uso de sustancias dopantes.

 

Esto traería un doble beneficio: por un lado, dejará claro al infractor que lo hecho fuera no podrá pasar desapercibido en el país; por otra parte, le dará la oportunidad de redimirse y dejará algo positivo para la comunidad.

 

La huella de los esteroides ha restado protagonismo a un capítulo feliz y de vital importancia, que viene preparándose en el despacho de El Recreo desde hace algunos meses y que tendrá su momento en Margarita: la presentación del código de ética de la LVBP.

 

Humberto Angrisano, vicepresidente del circuito, ha redactado un proyecto que incluye sanciones y castigos para los casos más habituales: grescas y peleas en el terreno, gestos groseros, agresiones a umpires y un largo etcétera.

 

Hasta ahora, las suspensiones y multas dependían del criterio más o menos subjetivo de la directiva liguera, respetando los antecedentes. Situaciones que merecían un castigo mayor (la procacidad de Alex Cabrera en Puerto La Cruz, delante de las cámaras de TV, por ejemplo) recibieron castigo mínimo por esas circunstancias.

 

La idea ahora es que cada quien sepa de antemano, peloteros y equipos, qué penas cumplirán según la falta cometida, sin más interpretaciones que la letra de la norma.

 

Algunos ejecutivos temen que las sanciones puedan ser muy severas. Ojalá esto no les impida aprobar la propuesta, sobre todo bajo el recuerdo de que durante la campaña, cuando ocurren situaciones graves, los siete elencos que no están involucrados generalmente están de acuerdo en que habría hecho falta una pena mayor a la aplicada.

 

La pelota venezolana crecerá en Margarita, si los clubes se ponen de acuerdo para dejar claramente definidos estos dos aspectos fundamentales para su imagen y buen funcionamiento.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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