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Dopaje, TV, calendario y LVBP

En algún momento de diciembre, durante la recién finalizada temporada, un grupo de técnicos enviados por el IND se presentó al estadio Universitario, para tomar pruebas de orina a una divisa de nuestro beisbol profesional.

Alejandra Benítez era por entonces la ministro del Deporte y había anunciado que los controles anti dopaje comenzarían a aplicarse, movida posiblemente por una noticia criminis: el planteamiento de El Nacional en cuanto a que no estaban llevándose a cabo los necesarios despistajes que contempla la ley.

El grupo de técnicos no pudo cumplir con su cometido. Fue devuelto, sin entrar al clubhouse.

Sólo una vez se tomaron muestras de orina en la temporada 2013-2014, una justa en la que muchos toleteros impusieron récords personales de jonrones. Según admitió Oscar Prieto Párraga el sábado, en Margarita, nunca se tuvo noticia de lo que sucedió con esa única toma y si alguien dio positivo o no.

El combate contra el uso de sustancias prohibidas para mejorar artificialmente el rendimiento deportivo es tarea del ministerio del Deporte y del IND. Pero la LVBP puede ayudar, al echar las bases que fomenten una colaboración activa con los entes gubernamentales y sienten una posición claramente contraria al dopaje.

Esta semana se llevará a cabo la jornada de reflexión de la LVBP. Es un buen momento para plantear el tema y recordar otros asuntos que quizás se hablen allí, aspectos que necesitan atención para seguir dando lustre y solidez al principal espectáculo de Venezuela: la pelota rentada.

El calendario de postemporada también requiere una evaluación. En la última convención se hizo un gran trabajo para concebir una ronda eliiminatoria sin sobresaltos, con suficientes fechas libres para disputar todos los encuentros postergados por lluvia, apagones, carreteras congestionadas y vuelos cancelados.

Por primera vez en muchos años, todos los choques de la eliminatoria se llevaron a cabo, a pesar de los percances climáticos, técnicos o de comunicación y transporte. La final, sin embargo, se llevó a cabo con sólo un día de descanso.

Este problema atenta contra la recuperación de los peloteros en general, el de los lanzadores en particular y va a hacer crisis si, en medio de la continua decadencia de nuestras carreteras y aeropuertos, la siguiente final se disputa, por ejemplo, entre Barquisimeto y Margarita.

La próxima Serie del Caribe, además, se realizará en Puerto Rico. Jugadores, ejecutivos, técnicos y acompañantes necesitarán tramitar la visa estadounidense y ese torneo ya tiene dos años seguidos disputándose a partir del 1° de febrero.

Si nuestra serie decisiva termina el 30 de enero, como puede ocurrir con el formato actual, será imposible estructurar una divisa, sacar los visados y llegar a San Juan  antes del 2 de febrero en la madrugada, con suerte, y con una novena raída y poco competitiva, seguramente.

El round robin semifinal no va a cambiar. Incluso quienes desean modificarlo admiten que da considerables entradas económicas a sus participantes. Hay resistencia a iniciarlo en diciembre, lo que resolvería por completo el problema. Pero un experimento ocurrido en la 2013-2014 permite hallar una tercera solución.

¿Qué tal celebrar una o dos carteleras dobles por equipo en la semifinal? Si se hace con las mismas divisas, no será traumático. Ya quedó demostrado que es posible vaciar el parque de espectadores para volverlo a llenar y asegurar así las dos taquillas. Y siendo que se mantendría el homeclub, no sería necesario desmontar la publicidad de un parque ni cambiar de manos la administración, como ocurrió en el Universitario esta vez.

Una medida así permitiría terminar la semifinal el 19 de enero, comenzar la final el 21, descansar después del segundo y del eventual quinto juego, coronar al campeón el 29, si van a siete duelos, y estar en Borinquen el 1° de febrero, tras dos o tres días para preparar la expedición (si el vuelo es nocturno y Venezuela debuta el 2).

¿Habrá tiempo de pensar esta semana en el papel de los medios de comunicación audiovisuales?

La transmisión del pasado Juego de Estrellas a través de un circuito de estaciones regionales permite jugar con la posibilidad de que, con una incorporación más decidida de estas, sea posible que todos los encuentros, sin excepción, sean llevados a la pantalla chica.

Esto puede convertirse en una verdadera asociación con la LVBP. ¿Imaginan un acuerdo con las regionales, en el que los canales suban la señal en los choques que no sean transmitidos por las nacionales, y que esos duelos puedan verse a través de la página oficial de la liga?

Puede ser, incluso, una forma de ingresar divisas, a través de un sistema de suscripciones para que los venezolanos que vivan en el exterior puedan seguir las acciones de nuestra pelota.

Es sólo un puñado de ideas para esta semana de reflexión.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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