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El Derby de Jonrones y el "efecto Abreu" ¿Un mito?

El Derby de Jonrones es perjudicial para los bateadores, aseguran algunos aficionados. Crea malos hábitos. Bob Abreu nunca volvió a ser el mismo, tras arrasar en 2005. Hay razones para la sospecha, en cuanto al aragüeño. Luego de su apoteosis en el Comerica Park, donde las pelotas salieron disparadas de su bate, una tras otra, cayó en un slump que duró prácticamente toda la segunda mitad del campeonato. Antes del Juego de Estrellas, largó 18 bambinazos, con una línea ofensiva de .307/.428/.526, pero pasó a 6 después del clásico de julio, con .260/.376/.411. Todo un contraste, sí, pero ¿en verdad comenzó allí el adiós del Comedulce? ¿Existe algo que podamos llamar “el efecto Abreu”?

 Es inobjetable. El aragüeño no rindió lo mismo en la segunda parte de aquel torneo. Pero asumir que participar en el derby de 2005 transformó su mecánica y precipitó su salida de la élite es apresurado. Hay que recordar que el patrullero izquierdo nunca fue un jonronero, en toda la acepción del término. Tenía fuerza, claro, y su slugging de .477 así lo prueba. Pero ese slugging se nutrió especialmente de tubeyes y, al principio, triples. En su hoja de servicio hay 624 batazos de dos o tres almohadillas, contra 287 estacazos de vuelta completa. Únicamente en 2001 y 2004 sacó 30 o más pelotas para la calle.  La primera evidencia de que es errado concluir que haber ganado la fiesta de batazos del Comerica Park afectó decisivamente al nativo de Turmero está en el hecho de que tanto en 2008 como en 2010 bateó 20 jonrones más. Pero lo más importante se esconde en otros departamentos. Abreu dio 41 dobletes, que es una cifra de élite, en 2006. Agregó 40 en 2007, 39 en 2008 y 41 en 2010. Sus promedios tampoco sufrieron un drástico bajón. Su average pasó de .286 en 2005 a .297 en 2006, .283 en 2007, .296 en 2008 y .293 en .2009. Su promedio de embasado no se resintió, pues fluctuó de .405 a .424, cayó a .369, pasó a .371 y subió a .390. ¿Y su slugging? Es la prueba principal, porque se trata del promedio de bases alcanzadas, que se nutre, justamente, de los extrabases. Dejó .462 en 2006, mermó a .445 en 2007 y volvió a saltar a .471 en 2008, casi el mismo promedio de su carrera.

 Abreu no volvió a ser el mismo del período 1998-2005 por una razón muy lógica: la edad. Al año siguiente del derby, cumplió 32 años de nacido. Salvo excepciones que puedan escapar a la regla, no hay pelotero capaz de lograr después de esa edad mejores cifras que las conseguidas en la primera parte de su carrera, a menos que recurra al dopaje, como ocurrió con Barry Bonds (recordemos que Bonds admitió haber consumido todo lo que le suministró el laboratorio Balco y que su defensa se basó en que lo hizo bajo engaño, creyendo que le estaban inyectando vitaminas y aplicando aceites contra el reumatismo).

 El venezolano fue bajando sus cifras, era de esperarse, pero lo hizo de modo progresivo. No hubo un bajón drástico. Su OPS ajustado, medida que compara el OPS de un bateador con la media de su liga, se mantuvo por encima de sus colegas, en promedio, hasta 2011, inclusive. ¿Qué no volvió a ser un jonronero? Pero ¿cuándo lo fue? El outfielder fue un bateador completo, con poder ocasional. Lo normal era que no sumara muchas cosechas de 30, porque si no, las habría acumulado con más frecuencia antes de 2005. Es verdad, en aquel torneo cayó abruptamente. ¿Mera coincidencia? ¿Se trató de un slump? ¿Cansancio? ¿Perdió temporalmente el ritmo? Quizás haya un poco de todo eso. Pero no hay modo de asegurar, irrefutablemente, que el Derby de Jonrones pueda causar una especie de “efecto Abreu”. Es un mito.

@Twitter: @IgnacioSerrano


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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