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Cierra el proceso de votación para nuestro Salón de la Fama

Cierra el proceso de votación para nuestro Salón de la Fama. Durante más de una semana hemos compartido la reflexión que nos llevó a elegir seis nombres entre los 29 postulados ante el Comité Contemporáneo. Hace un año votamos por Leonardo Hernández, Leonel Carrión, Oswaldo Blanco y Luis Sojo. No eran los únicos con méritos, pero como escribimos entonces, necesitábamos más tiempo para evaluar el verdadero impacto de exfiguras como Luis Raven, Edwin Hurtado y Omar Daal. Votar para nuestro Salón de la Fama es un privilegio. Hacerlo sin una profunda reflexión sería un irrespeto al Museo del Beisbol en Venezuela, al deporte que tanto amamos, a los propios candidatos y a la afición. Por eso nos toma tanto contrastar una y otra vez la dimensión de cada quien, a fin de emitir un voto que quizás no sea el más justo, pero sí es honesto. Es hora de decidir.

Las tres primeras casillas fueron fáciles de rellenar.

Leonardo Hernández fue un pelotero que mostró excelencia en cuatro de las cinco herramientas, el único 70-70 de esta liga al momento de su retiro y un terror del pitcheo en nuestra "era de la bola muerta".

Leonel Carrión es el mejor bateador de todos los tiempos de una franquicia, las Águilas, en la que su nombre todavía aparece en lo más alto de todos los renglones ofensivos, salvo muy contadas excepciones.

Oswaldo Blanco fue una rara avis en la década de los años sesenta y setenta, grandeliga y titular en la LVBP, uno de los mayores hiteadores en la historia del circuito, cuando mayormente jugaban importados. Hay que terminar con la injusticia de tenerles fuera del pabellón valenciano. Este es uno más de muchos intentos para los tres. Ojalá por fin consigan ese esquivo 75 por ciento de los votos que hasta ahora les ha negado la inmortalidad.

Muchos otros exjugadores de brillante trayectoria aparecen entre esos 29 preseleccionados. Clemente Álvarez, por ejemplo, el nativo que ha debutado en las mayores a mayor edad. Jesús Alfaro, símbolo del Caracas en la década de los ochenta. Oscar Azócar, que brilló como lanzador y como toletero. Roger Cedeño, que fue líder bate aquí y es dueño del récord de robos en una temporada de la gran carpa. Cristóbal Colón, de fructífero desempeño con las Águilas y los Tiburones. Eduardo Pérez, consecuente bigleaguer en las décadas de los noventa y dosmil. Mark Whitten, uno de los importados más peligrosos que ha venido al país en las últimas dos décadas.

Roberto Zambrano, uno de esos pocos sluggers que han estado muy cerca de alcanzar la mítica marca de Baudilio Díaz. Géremi González, de impetuoso inicio en las grandes ligas y reputada trayectoria en la LVBP. Felipe Lira, el último emblema nativo de La Guaira antes de la actual generación. Volveremos a evaluar sus casos dentro de un año. No tuvimos más lugar en la planilla.

Quedaron los últimos tres cupos para decidir entre Raven, el panameño Santos Hernández, Hurtado y Daal.

Escoger entre ellos casi es injusto. El camino fácil sería dejar fuera al importado, porque sólo lanzó aquí en cinco temporadas, pero si la regla de votación obliga a considerarlo a partir de esas cinco campañas de experiencia en la liga, es aún más injusto dejarlo por fuera. Hernández, quedó probado al comparar su legado con los mejores relevistas del país, es uno de los bomberos más notables que ha lanzado aquí.

Daal, según ese mismo contraste, es uno de los pitchers nacionales más dominantes en la historia de la LVBP. Sólo Robert Pérez superó a Raven en su tiempo. Y Hurtado es uno de los más exitosos serpentineros en postemporadas. Con dolor, dejaremos a Hurtado para la próxima planilla. Le prometemos nuestro voto para 2014.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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