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Caracas-Magallanes

Estadio Universitario | Foto Jacobo Lezama / Archivo

Estadio Universitario | Foto Jacobo Lezama / Archivo

Esta fiesta que periódicamente montan Caracas y Magallanes no nació del fervor popular, aunque se haya convertido en la religión deportiva de medio país.

¿Habría sido igual, de no haberla inventado en 1942 un legendario hombre de beisbol, que apeló al “purocriollismo” del Cervecería y trató de crear un nexo con la rivalidad que sí tuvieron los turcos y el desaparecido Royal Criollos?

La estrecha diferencia en la serie particular y las interpretaciones que algunos hacen han llevado, últimamente, a ciertos comentarios destemplados que desdicen de lo que durante décadas fue el duelo entre los Eternos Rivales, un prodigio de tolerancia, el sonreído encuentro entre diferentes; metáfora perfecta de la Venezuela que todos anhelamos, sin distinción.

Caraquistas y magallaneros dependen entre sí como si se tratara de un matrimonio. Sin uno de los dos, no habría Eternos Rivales.

Por eso, cuando nos topamos con algún fanático indignado por lo dicho sobre capitalinos o cabrialenses, cuando en vez de bromas y chistes percibimos grosería y hiel, se pierde la magia que creó la feligresía de ambas escuadras, generación tras generación.

El beisbol venezolano todo tiene una deuda inmensa con esta eterna rivalidad.

La inversión publicitaria cuando juegan ambos conjuntos es tan grande, que genera las ganancias que permiten a las televisoras transmitir a los demás equipos el resto de la zafra.

No es casualidad que en prácticamente todos los estadios se vendan más caras las entradas cuando están de visita los turcos o los melenudos. La legión de caraquistas y magallaneros deja así su cuota de colaboración en las arcas de los otros seis integrantes de la LVBP.

A algunos preocupa mucho que se lleve la cuenta de la serie particular desde el nacimiento del Cervecería. A otros disgusta que sólo se abarque a partir de su transformación en Leones.

Es tiempo de volver a enfocarnos en cosas edificantes.

La directiva del Magallanes celebrará por todo lo alto el centenario de la divisa. No importa que prácticamente no haya coincidencia alguna, más allá del nombre, entre ese Magallanes nacido en 1917 y el fundado en 1928, como también es debatible que el Magallanes que reaparece en 1964 tenga una continuidad legal con aquellos dos.

Pero ¿saben qué? Al final, lo que importa es qué sienten como propio los seguidores de la nave, que seguramente participarán de ese festejo centenario.

Eso debe hacernos sentir orgullosos a todos los que amamos el beisbol venezolano: que uno de nuestros equipos celebre un siglo de existencia. Lo que importa es el fervor popular, que ha hecho de los turcos la novena amada por tantos, del mismo modo que lo ha sido el Caracas desde su nacimiento como Cervecería, en 1942.

Por aquel entonces, leones era un apodo, “los leones del Cervecería”, como apodo era navegantes, “los navegantes del Magallanes”, un sobrenombre que los cabrialenses reivindicaron como nombre propio hace muy pocos años.

Siete décadas atrás, el dueño del Cervecería, Martín Tovar Lange, inventó que los capitalinos eran los herederos del Royal Criollos con el doble fin de hacer crecer su fanaticada y rescatar una rivalidad legendaria con los bucaneros, el club con más seguidores en Venezuela.

Lo consiguió, al punto de crear esta religión deportiva que hoy vive un episodio más.

Por eso, en esta fiesta lo que menos importa es una serie particular. Importa lo que nos une, aun siendo seguidores de otras escuadras.

Importa lo que agrega a lo bueno de la venezolanidad.

Importa su arraigo indiscutible, al punto de que nació antes de que Caracas fuera Leones y Magallanes fuera Navegantes.

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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