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Buddy Bailey y el futuro de los Tiburones

Buddy Bailey manager de los Tiburones. Que empiece la diversión.

 

La contratación del exitoso piloto estadounidense es una señal de que los escualos quieren terminar de cambiar el rumbo marcado desde la muerte de Pedro Padrón Panza, su hijo Peruchito y su nieto Pedro Padrón Ñáñez, hace tres lustros.

 

Es así, o entonces el alto mando se llevará una enorme sorpresa.

 

Muchos aficionados no han reparado en el golpe de timón que ha ocurrido en La Guaira últimamente.

 

Los propietarios de la divisa han ido traspasando el poder de decisión a un equipo gerencial que tiene algunas personas muy capaces. Al gerente operativo Jimmy Maycke se fueron uniendo Jorge Velandia, José Luis Mora y últimamente Manuel Rodríguez.

 

La búsqueda de pitcheo ha marcado la mayoría de los movimientos de jugadores criollos, aunque ciertamente en eso no hubo correspondencia con la última importación.

 

El proyecto de potenciar la liga paralela, iniciado en los tiempos de Carlos Subero, se ha mantenido y empieza a dar los primeros frutos, todavía insuficientes, pero promisorios.

 

Todo es muy lento, a gusto de la legión de seguidores litoralenses. Y los descontentos tienen razón; son casi tres décadas sin lograr un campeonato. Es imposible pedirles paciencia.

 

En este panorama de luces y sombras llega Bailey, el estratega más polémico en la historia de la liga, probablemente, y uno de los dos más ganadores desde la creación del circuito.

 

Bailey es un revulsivo. Un protagonista inequívoco allí donde esté, para bien y para mal. Un estratega con mano dura frente al más mínimo acto de indisciplina. Exagerado, a veces.

 

Con Aragua, una vez pidió a la gerencia que no repitiera a su más efectivo abridor importado, porque consideró que éste no mostró compromiso con la organización al pedir días libres por Navidad. Ese pitcher, luego, triunfó con una nueva divisa en la LVBP. No le importó.

 

Un grupo importante de los peloteros que dirigió en Maracay aceptó su propuesta, porque el premio era celebrar en el último juego de cada final. Otro grupo protestó, se rebeló y salió, uno a uno, sin importar su estatus grandeliga ni su nivel en el circuito. Otros bajaron la cabeza, callaron y aceptaron.

 

El resultado fue la dinastía más fructífera en la historia de la liga: ocho finales y seis títulos en un lapso de apenas nueve torneos.

 

Tal cosa fue posible porque la directiva bengalí se casó con el proyecto y disciplina de Bailey. Ante cada protesta, apoyó al técnico norteamericano, incluso si el disgustado era Miguel Cabrera.

 

Rubén Salazar, Richard Garcés, Roberto Zambrano, Juan Rivera, Luis Rodríguez, Raúl Chávez alguna vez se molestaron con el estratega. Todos salieron de los Tigres.

 

Bailey respondió con sus tres inigualables características, razón de su dominio en la pelota invernal: compromiso indeclinable con la organización, sin fisuras de disciplina; un manejo del pitcheo implacable, que nunca deja a los serpentineros “un bateador más”; y un cuidado de los brazos y prospectos que raya en los mimos, para contento de las escuadras del norte.

 

Todos en La Guaira deben tener claro que ocurrirán situaciones. El nuevo manager no va a aceptar que sus jugadores lleguen tarde al estadio, y no digamos que lo hagan en pleno encuentro; no va a permitir desplantes excesivos, gestos groseros frente a las cámaras; no tolerará reclamos de alguien no está alineando.

 

Situaciones así van a ocasionar problemas. Es de suponer que el alto mando lo sabe. Y tales cosas tienen dos formas de enfrentarse: apoyando al piloto o a los peloteros.

 

Rodríguez lo sabe. Formó parte de la oficina aragüeña durante todo el reinado de Bailey. Velandia lo sabe. Fue refuerzo del estadounidense en sus tiempos de shortstop. Los dueños deben saberlo. No se toma una decisión así sin evaluar el carácter de quien se está contratando.

 

Veteranos como Alex Cabrera y Francisco Rodríguez jugaron alguna vez para Bailey. También saben de quién se trata.

 

Los litoralenses poseen una interesante base joven, que puede ser el sostén del recién llegado. Hombres como Luis Sardiñas, Carlos Sánchez y Joseph Ortiz. Grandeligas como Salvador Pérez y Héctor Sánchez. Sobrevivientes como Javier Herrera, Gustavo Chacín, Jesús Delgado y Cafecito Martínez.

 

Bailey va a contar con piezas para hacer su juego. Pero alguien con su compleja personalidad necesita que la gerencia sea la pieza principal en la partida.

 

Que comience la película. Va a ser entretenido ver cuál es su final.

 

Miles de seguidores guairistas esperan con anhelo que sea un final feliz.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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