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Billy Bean, Brad Pitt y el destino de los Atléticos

El ex jugador de las grandes ligas Billy Bean

El ex jugador de las grandes ligas Billy Bean

El último momento estelar de los Atléticos ocurrió en el cine, cuando Brad Pitt se puso la gorra verde de la divisa que alguna vez tuvo sede en Filadelfia, que fundó la Liga Americana en 1901 y que contribuyó decisivamente a la refundación del modo en que vemos el juego.

El beisbol sigue siendo el mismo, como sentencia Pitt al final de la película Moneyball, versión colorida de aquella lectura apasionante que es el libro del mismo nombre.

No hay que nada que reinventar. Lo que hizo Billy Beane hace algo más de una década, caracterizado luego por Pitt, fue simplemente ver el juego de otro modo, agregar herramientas y nuevas formas de planificar un equipo.

Lo aprendió de Sandy Alderson, gerente general a cargo hoy de la reestructuración de los Mets, y lo aplicó a fondo a partir de su relación con la comunidad sabermétrica, de la que se convirtió en una suerte de ícono pop.

Los Atléticos están de nuevo en los playoffs y Beane volverá a buscar la esquiva última pieza del rompecabezas, el único argumento que no ha podido blandir a favor del ya no tan nuevo análisis de la pelota.

La sabermetría sirve en el largo plazo. En las series cortas, toma el mando el azar. Muchos conocen la máxima y algunos la repiten para restar valor al estudio que nació con la Sociedad para la Investigación del Beisbol en América, a comienzos de los 70.

Hace rato que la sabermetría saldó esa deuda, sin embargo. Los Medias Rojas de 2004 y 2007 fueron diseñados por Theo Epstein y ganaron la Serie Mundial en ambas campañas.

La diferencia entre Boston y Oakland fue presupuesto, no planificación. Con dinero es más fácil comprar aquellos peloteros que calzan en el molde y llenar una divisa de estrellas útiles y funcionales, como aquellos patirrojos. Más complicado es ganar en la carestía de un mercado pequeño.

Gracias a la sabermetría, los Piratas han regresado a los playoffs y son contendoras dos escuadras que no tienen la chequera de sus rivales de división, como los Atléticos y los Rays.

Los 30 equipos de grandes ligas tienen ahora su propio departamento de análisis estadístico, incluso los Filis, a pesar del rezago del gerente general Rubén Amaro Jr. Casi la mitad de los participantes de esta postemporada han ido más allá y usan la sabermetría a diario, en las oficinas y en el terreno de juego.

Las coronas de los Medias Rojas, las boutades del manager Joe Maddon y el resurgir de Pittsburgh como ciudad beisbolera, descrito por el piloto Clint Hurdle con palabras que recuerdan a Saulo de Tarso, deben parte de su éxito al atrevimiento de Beane, que tantos adversarios le ganara y que, al mismo tiempo, tantas cosas cambió.

Oakland no tenía por qué ser una sorpresa en 2012 y mucho menos en 2013, pero muchos desconfiaban de la falta de nombres y presupuesto. Beane, en cambio, tenía años preparando el staff de lanzadores que desde la campaña anterior le ha devuelto al centro del escenario.

Pitchers dominantes, que entregan pocos boletos. Bateadores que toman pitcheos y se embasan por encima del promedio. Defensores eficientes.

La combinación es casi una perogrullada. También es el fundamento del diseño “sabermétrico” de un equipo. Ya lo dijo Beane: no hay nada que inventar en el beisbol. Sólo hay que hacer énfasis en ciertas premisas.

Los Atléticos tienen abundancia de nombres emergentes y sobradas razones para estar en los playoffs. No avanzaron porque todos hagan su trabajo ni porque cada noche haya un héroe diferente. Lo hicieron porque siguen un guión y lo aplican.

Queda ver si finalmente pueden vivir su anhelado final de película y consiguen el final soñado que no pudo protagonizar Brad Pitt.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

 

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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