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Beisbol negro

Un pequeño sobre manila esperaba en nuestro escritorio. Terminada la final de la pelota venezolana, volvíamos al día a día, para encontrarnos con una novedad cuidadosamente empaquetada.

“Es un libro”, pensamos, con secreto gozo. Los periodistas recibimos a menudo las publicaciones de bancos y editoriales. De cuando en cuando, una pequeña joya se oculta en esos sobres que llevamos viendo por casi 27 años, desde que en mayo de 1988 comenzó nuestro paso por El Nacional.

No era un libro. Eran dos. En realidad, dos ejemplares del mismo libro.

Sólo el título era ya sugerente: Beisbol negro. Su autor, José Eduardo Espinoza Dávila. Pero más sugerente todavía era la fotografía de la tapa: allí estaban Roy Partlow y el legendario Joshua Gibson, posando con el uniforme del Centauros en Maracaibo, en 1939.

Está impreso en Ediciones Astro Data (edicionesastrodata@gmail.com).

Lo dicho, de cuando en cuando llega una pequeña joya a la redacción.

Hace varios días que un molesto virus nos tiene en la cama, en un reposo de huesos adoloridos. Pero el malestar general nos permitió la alegría de abrir Beisbol negro en su primera página y recorrerlo con gusto, hasta el último de sus apéndices.

Espinoza es un trujillano nacido hace 83 años, zuliano por adopción y profesor jubilado de LUZ. Más que eso, es un amante del beisbol. Uno muy afortunado, por cierto: entre sus recuerdos, está la fascinación de ver jugar en Maracaibo a algunas estrellas del beisbol de color, como se llamó a la pelota de la segregación racial.

Este es un tema que nos apasiona, por muchas razones. Este columnista tiene un gusto infantil por la historia, adora el pasatiempo nacional desde la niñez y tiene una inclinación especial por ese capítulo del diamante, especialmente después de una mágica visita al Museo de las Ligas Negras, en Kansas City.

Espinoza hace un recuento excepcional. Es posible hallar mucho de lo que cuenta en otras obras escritas en inglés. Él unifica relatos y nos ofrece una crónica en castellano, lo que ya es una gloria en un país donde resulta tan difícil hallar lecturas beisboleras en la lengua de Cervantes.

Lo mejor de Beisbol negro es su vínculo con América Latina y en especial con Venezuela. Constantemente, conforme va introduciendo nuevos personajes, cita el equipo o el momento en que tal protagonista pasó por nuestro país.

Para esto, se apoya en su capacidad de investigación. En la nota autógrafa donde gentilmente nos saludaba, Espinoza aclaraba que el libro le llevó siete años de su vida, tiempo durante el cual, supimos luego, su parentela toda le instaba a apresurar el punto final.

También se apoya en sus propios recuerdos, matizando la narración con datos de especial interés para nosotros y episodios entrañables. Hablando de la gira que muchas de aquellas leyendas negras hicieran por la Venezuela de 1945, cita el primer pitcheo de Roy Welmaker contra Luis Aparicio Ortega en el estadio Olímpico de Maracaibo, “una recta llameante que nadie vio”. Y añade: “Si lo dudan, pregunten a los sobrevivientes. Pero apúrense, quedamos pocos”..

Beisbol negro es un exhaustivo repaso a uno de los más injustos y anecdóticos capítulos del beisbol, firmemente anclado en su relación con nuestras ligas. Una lectura grata que disfrutamos, recomendamos y agradecemos.


Twitter: @IgnacioSerrano | www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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