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Precauciones con Strasburg

¿Cuántas veces un equipo en plena carrera por los playoffs decidió dejar de usar a su mejor lanzador, como medida de precaución y sin que hubiera una lesión? Los Nacionales habían limitado a otros pitchers, haciéndolos detenerse al llegar al límite de innings que les habían impuesto. Pero por entonces Washington era un equipo fuera de contención. Lo que acaban de hacer el gerente general Mike Rizzo y el manager Davey Johnson no tiene precedentes. El escándalo en las redes sociales y los medios de comunicación es plausible. Y sin embargo, que Stephen Strasburg no vuelva a soltar otra pelota no sólo tiene sentido, sino que nos permite contrastar la forma en que los capitalinos han manejado a su brazo más caro y cómo llevaron a Johan Santana los Mets de Nueva York.

Hay motivos para la precaución con Strasburg: es el monticulista de más valor a corto y largo plazo en ese staff, tiene sólo 23 años de edad, jamás había lanzado 70 innings arriba (y esta campaña rozó los 160) y, lo más importante, viene de someterse a una cirugía de reconstrucción del codo. Sobran los estudios recientes sobre los peligros de sobrecargar el brazo de un tirador a esa edad, en esas circunstancias. Y uno de esos estudios fue hecho por Rizzo, con casos como el de Jaime García, el fenómeno de 2011 con los Cardenales, limitado hoy por las lesiones y el bajo rendimiento.

La duda era: ¿arriesgar a Strasburg ya e ir a por la Serie Mundial? ¿U obligarle a parar y contar con él en los años por venir, en los que los Nacionales seguirán aspirando, por ser un equipo joven y bien estructurado? Washington optó por lo segundo. Con mucha lógica.

Primero, porque sin el derecho sus abridores todavía promedian la mejor efectividad de las mayores, lo que subraya la idea de que no han llegado allí por su as, sino por un trabajo colectivo; segundo, porque ya acusa el cansancio, al pasar de 2.82 de efectividad en la primera mitad a 3.73, elevar en un 50 por ciento sus boletos y ver reducir su tasa de ponches; y tercero, y no menos importante, porque ese fue el plan siempre. Este enorme sacrificio no es un capricho y el caso de Santana demuestra cuánto sentido tiene mantenerse dentro de lo planeado cuando la cabeza está fría y la precaución todavía impide que el entusiasmo nuble el juicio.

Los Mets dijeron que el Gocho no pasaría de 100 pitcheos, que estaban felices si podía abrir 15 o 20 juegos, que le darían días adicionales de descanso para no forzar su operado hombro izquierdo. Santana respondió con dos meses vigorosos y cifras brillantes. ¿Cómo reaccionó el alto mando neoyorquino? Entusiasmado, el manager Terry Collins fue desmontando los límites, hasta proclamar que el merideño no tenía ya tope alguno, pues había demostrado estar sano. Olvidó que ese hombro había perdido la costumbre de someterse a ese estrés, que era necesario hacerlo regresar de a poco, con vistas a 2013 y más allá. Entonces vino el juego sin hits ni carreras, lo mejor y lo peor que pudo pasarle al venezolano, pues Collins le dejó hacer más pitcheos que nunca en su vida. Los problemas que vinieron inmediatamente después (agotamiento, dolores en la espalda y el tobillo) son excusas para no aceptar lo evidente. Si a Santana lo hubieran mantenido en un tope de 100 lanzamientos por encuentro, quizás todavía estuviera activo. No hay modo de comprobar que el zurdo aún estaría sano y no podemos probar que Strasburg se lesionará si sigue. Pero ante dos caminos, correr el riesgo o ser excesivamente prudentes, Mets y Nacionales tomaron rutas distintas. Habría sido mejor que Nueva York tratara con igual mimo a Santana.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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