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Balbino Fuenmayor y la ruta del Patón

Balbino Fuenmayor no es el primer venezolano que intenta regresar en grande al beisbol organizado, luego de ir a un circuito independiente y vagar por el mundo.
 
Antes que Melvin Mora, mucho antes que Oscar Salazar o Juan Carlos Pulido, el precursor en esta ruta inusual, larga y a menudo imposible fue también el primero de todos los grandeligas nativos: Alejandro Carrasquel.
 
El Patón firmó con los Senadores en 1939. La historia es muy conocida. Dio el salto de La Habana a Washington y Chiquitín Ettedgui causó alegría general aquí, al escuchar la noticia por onda corta y correr a su periódico, a redactar la nota. Así se forjaban los “tubazos” en aquel entonces.
 
No todos saben muy bien qué pasó con Carrasquel después de 1945, su última temporada con los capitalinos, aunque la historia es pública.
 
Eran tiempos duros para los peloteros, económicamente hablando. Faltaban unas tres décadas para la creación de un sindicato poderoso y de la figura del agente libre. Negociar un contrato resultaba difícil y a menudo frustrante para los jugadores. Los dueños de equipo se apoyaban en el privilegio de ser un monopolio y sacaban provecho de la peor forma.
 
Cuenta la historia que los bajos sueldos que pagaba el propietario de los Medias Blancas, Charles Comiskey, creó la necesidad en sus célebres Medias Negras, que terminó por llevar a varios de ellos ante los apostadores y aceptar sobornos.
 
Carrasquel lo resolvió a su modo. Tomó una mejor oferta para lanzar en México, donde los sueldos eran superiores. No le importó recibir el veto de la MLB a los desertores. Mal pagaban los despiadados dueños de la época a quienes buscaban vivir mejor.
 
Pero el caraqueño era un buen pitcher y tuvo una última oportunidad en las mayores, en 1949, convirtiéndose en el primero de esta lista que ahora quiere engrosar Balbino: la de venezolanos que fueron a un circuito independiente, antes de participar en la gran carpa, bien sea en estreno o tras un azaroso regreso.
 
Mora es un caso célebre, porque fue a parar a Taiwán, ignoto destino, antes de volver a las menores en 1998 y finalmente dar el salto con los Mets, un año después.
 
Juan Carlos Pulido hizo algo semejante. Estuvo arriba con los Mellizos, en 1994. En 2003, después de recorrer las menores, México, Japón y Taiwán, volvió con Minnesota en un giro rocambolesco, que también le dio un récord: el de mayor tiempo entre salida y salida en las Grandes Ligas para un venezolano, casi una década completa.
 
Oscar Salazar también se mudó de continente, antes de su vuelta. Estuvo en las mayores con Detroit, en 2004, terminó pasando por Italia, y finalmente arribó a Baltimore, en 2008.
 
Alex Cabrera y últimamente David Peralta también lo consiguieron.
 
Fuenmayor fue dejado ir por el beisbol organizado en 2013. Qué paradoja, pues así empezó lo mejor de su carrera.
 
Otrora prospecto de los Azulejos, fue elegido Jugador del Año en las ligas independientes por Baseball America, en 2014. Brilló en la LVBP con los Caribes. Y ahora disputa la Triple Corona en la Liga de Texas, con la sucursal doble A de los Reales.
 
Ya vendrá otra columna para ver qué cabida tiene arriba, o si el suyo puede ser un nuevo caso como los de Luis Raven y Ernesto Mejía.
 
Por lo pronto, Balbino está en la ruta del Patón Carrasquel.

iserrano@el-nacional.com

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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