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Anderson De La Rosa como solución para el Caracas

Hay cambios aparentemente modestos, que sin embargo pueden causar gran impacto.

¿Recuerdan el traspaso de Luis Maza a los Tigres de Aragua? Era un infielder más en la granja de los Cardenales de Lara, con habilidad para cubrir varias posiciones en el cuadro y los jardines.

El tiempo permitiría conocer otras aptitudes de Maza. Pero al momento de la transacción, era un jugador discreto, una pieza sacrificable ante la titularidad de César Izturis, Luis Ugueto, Luis Sojo y la constante presencia del casi venezolano Tom Evans y Jesús Azuaje.

La generación de relevo, además, estaba doblando la esquina, con Hernán Iribarren y Jesús Guzmán a la cabeza, y la oferta de los felinos era imposible de rechazar, pues el nombre de Juan Carlos Pulido estaba sobre la mesa.

Pulido acababa de regresar a las Grandes Ligas el año anterior y de nuevo lanzó en las mayores en ese 2005.

No estaba en su mejor campaña, pero era posible pensar que a los 34 años de edad era capaz de ayudar a un contendor en la LVBP. Y de nuevo, había muchos como Maza en el roster occidental.

El tiempo puso al nativo de Cumaná en su propio lugar. Floreció en Maracay, donde demostró un carácter guerrero y determinado. Fue piedra angular en la dinastía aragüeña y en 2008 llegó a las Grandes Ligas, con los Dodgers de Los Ángeles.

Los Leones del Caracas esperan haber hecho un gran negocio esta semana, al adquirir a un pelotero de bajo perfil, tal como lo era Maza hace una década.

El receptor Anderson De La Rosa no es el primero, ni siquiera el cuarto principal catcher en el roster de los melenudos. No ha jugado en las mayores, como sí Carlos Pérez, José Lobatón, Ramón Cabrera e incluso el veterano Yorvit Torrealba, dueño de la posición en la zafra pasada.

El problema es que, frente a esa abundancia, los melenudos están en falta.

Pérez y Cabrera no jugaron en la 2015-2016 y nada sugiere que lo harán en la 2016-2017; Lobatón tiene rato sin reportarse y todo apunta a que Torrealba confirmará su retiro, como ha anunciado.

Este mismo panorama hizo que De La Rosa llegara como refuerzo para los últimos playoffs, a fin de ayudar a Torrealba detrás del plato y permitir que este fuera utilizado en otros puestos.

El barquisimetano tiene la defensa para eso. Ha sido premiado dos veces en Venezuela por su buen brazo y su seguridad con la mascota. No es especialmente reconocido por su ofensiva, pero casos como el de Alex Delgado deberían recordarnos siempre que un catcher sobresaliente no tiene que batear, siempre que dirija bien a los lanzadores, sepa bloquear y evite los robos.

Probablemente no es el próximo bigleaguer venezolano. Está por cumplir 32 años de edad y actualmente juega en un circuito independiente, la Asociación Americana.

Mientras muchos esperaban que el primer cambio caraquista en el receso entre temporadas incluyera un nombre sonoro, desde Jesús Aguilar y Yangervis Solarte, hasta Wilson Ramos o Daniel Mayora, quien rompe el celofán es un jugador discreto, De La Rosa, cuya mayor virtud será, muy posiblemente, dar estabilidad a la línea central a partir de octubre.

Es un buen negocio, si lo cedido a cambio es un pitcher veterano que trabaja en Italia, un zurdo situacional como Ángel Calero, y un joven adolescente que todavía no marca diferencias, Celis Flames.

Claro que ahora dependerán más de Edgar Alfonzo en los relevos puntuales, tal vez de Dail Villanueva, y necesitarán que Víctor Gárate no vuelva a ausentarse, para mantener el nivel de experiencia en el lado izquierdo del bullpen. Pero visto así, Flames es el verdadero precio que pagan los Leones para contar con la tranquilidad de saber hoy quién será su receptor del Día Inaugural

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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