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Anderson Espinoza y el estrellato que le espera

No es común que un cotizado grandeliga en ejercicio, uno de los nombres más sonoros en el mercado de posibles cambalaches, sea embarcado a otro equipo en un cambio por un solo jugador, que además es prospecto y no ha jugado todavía en Clase A avanzada.

Anderson Espinoza es un prospecto en toda la extensión beisbolera del término. Recibió un bono millonario, aparece entre los principales reclutas de publicaciones como Baseball America MLB Pipeline, era discípulo del inmortal Pedro Martínez y sus actuaciones son reseñadas en periódicos y portales dedicados al talento emergente.

Espinoza pasó de los Medias Rojas a los Padres, por Drew Pomeranz.

Pomeranz no es un as, en cuanto a que no era el número uno en la rotación de San Diego (un privilegio que correspondía al también cambiado James Shields). Tampoco lo será en Boston, al menos en lo inmediato.

Tiene una trayectoria aceptable, con 3.66 de efectividad en seis temporadas, casi un ponche por inning y menos de un jonrón permitido cada nueve entradas.

Dos características dan valor especial al zurdo: está en el mejor año de su carrera, con 2.47 de promedio y 115 fusilados en 102.0 actos; y está bajo control de su divisa, elegible para el arbitraje en 2017 y agente libre en 2019.

Varias novenas lo codiciaban. Era una pieza apetecible para la recta final, con posibilidad de ayudar por varias zafras más.

Se entiende por qué los patirrojos accedieron entregar a Espinoza, una petición expresa de los religiosos durante varias semanas, de acuerdo con su agente Félix Luzón.

Ya habrá tiempo para evaluar la decisión de Dave Dombrowski, el presidente de los bostonianos. Pero ¿qué significa la transacción para el caraqueño?

La primera conclusión no es necesariamente afortunada. Sale de un mercado grande, una de las dos escuadras más célebres del beisbol, en una ciudad con grandes atractivos, ubicada en la costa este, con grandes medios de comunicación, para ir a una urbe relativamente pequeña, en el oeste, en una franquicia modesta y sin la atención mediática que habría tenido en el Fenway Park.

Ojo: ningún as se forma al influjo de los medios masivos. Félix Hernández ha reinado en Seattle y Zack Greinke se forjó en Kansas City. El reconocimiento tampoco es evasivo en la costa occidental, lo ha probado Clayton Kershaw.

Con eso en una mano, a Espinoza le queda una cornucopia en la otra mano.

Hoy está en Clase A media. Se supone que en 2018 llegará a las Grandes Ligas. Los Padres saben que no son contendores este año ni el próximo. Pero el venezolano podría ser su próximo Jake Peavy, último ganador del premio Cy Young en ese club. Vale la pena la apuesta.

Para Espinoza también valdrá la pena subir en el amplísimo Petco Park. El Fenway casi no tiene zonas de foul, el Monstruo Verde acerca el left al home con excesivo peligro y la corta raya del right completa un escenario que más bien parece un polígono de tiro. Además, lanzar en la Liga Nacional implica enfrentar a los pitchers, lo que casi es un regalo de un out cada tres innings.

Entonces, ¿es mejor para él? Depende de cómo lo vea. Si lo suyo son las cámaras y el ruido, Boston era ideal. Si busca un lugar donde crecer hasta convertirse en estrella, San Diego estará bien. Y con menos presiones.

Lo demás, dependerá de él.

 

@IgnacioSerrano

www.elemergente,com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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