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Mambo por Réquiem

Quisiera escribir sobre música y nada más. Que fueran unas líneas sobre aquello que es sublime cuando pasa, con gracia y delicadeza, por nuestros oídos y acaricia nuestros corazones. Pero el músico, el artista, es antes que eso un ser humano, una persona, un mortal, un ciudadano, como quien escribe estas líneas y quien las lee. La música responde a sentimientos humanos. La partitura no estará jamás desconectada de su entorno, del trasfondo con que fue concebida y menos del contexto en que es interpretada.

Los silencios son tan significativos como las notas. Un silencio, si se hace en un momento determinado, puede expresar bastante más que un estruendo. La noche del 12 de febrero, del que se cumplirá hoy una semana, se fracturó algo en el alma de aquellos que comulgan con las premisas sobre las que reposa el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Hay quien decidió olvidar, como si tal cosa fuera posible, que Gustavo Dudamel dirigió el Himno Nacional cuando nació Tves y murió un canal de televisión, RCTV, después de 53 años de historia. Otros, en sintonía con los ideales que profesa esa institución que comenzó a crecer en un sótano en 1975, se hicieron de la vista gorda cuando el prodigio de los rulos participó en un acto proselitista en compañía de Elías Jaua, a pocos días de las elecciones en las que el actual canciller se enfrentaría a su oponente Henrique Capriles Randonski por la Gobernación de Miranda. Pero esta vez el nudo se soltó. El contraste fue excesivo. El barquisimetano, el rostro más brillante del Sistema, cruzó la raya, como lo dijo una de sus más conspicuas admiradoras, Gabriela Montero.

Ahí, donde el músico y su gran mentor –José Antonio Abreu– podían y debían decir que no por primera vez, asintieron. Estaba previsto un concierto en el Centro de Acción Social por la Música en el que interpretaría la Cantata criolla con la Sinfónica de Lara, la orquesta en la que dio sus primeros pasos. En lugar de cumplir con esa actividad, el músico participó en un acto festivo, en conmemoración del 200° aniversario de la Batalla de La Victoria y paradójicamente del Día de la Juventud, cuando toda Venezuela estaba enterada de que un par de personas habían fallecido en las protestas estudiantiles.

No hubo ninguna reacción al hecho, ni una nota de condolencia o, al menos, un mensaje de paz a los venezolanos. Nada. Más bien, en lugar de suspender el concierto que se había anunciado como parte de la agenda del 39° aniversario del Sistema de Orquestas, decidieron sustituirlo por un evento más pomposo y en presencia del presidente Nicolás Maduro, quien le dio otro color al Mambo de Bernstein con uno de sus habituales discursos incendiarios y divisionistas. Fue al día siguiente, cuando ya la extraordinaria pianista Gabriela Montero había manifestado su rechazo de manera categórica, que el barquisimetano de 33 años de edad decidió enviar a las redacciones un mensaje escueto que no merecía mayor espacio en la prensa.

“Nuestra música constituye el lenguaje universal de paz, por ello lamentamos los hechos acontecidos el día de ayer. Con nuestra música y nuestros instrumentos en mano, le decimos un no rotundo a la violencia y un sí contundente a la paz”, escribió Dudamel, obligado, tras la ola de insultos y reclamos que recibió a través de las redes sociales.

Su nombre volvió a aparecer en el diario Los Ángeles Times, pero ya no en la sección de cultura, como el joven que llegó a esa ciudad californiana para imprimirle fuego a la filarmónica o el mago que dirigió de memoria toda la obra sinfónica de Mahler. Esta vez Dudamel destacó en páginas de política, por dirigir un Mambo en una noche que merecía, más bien, un Réquiem.

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Sobre el autor

Gerardo Guarache Ocque

Periodista egresado de la UCAB. Músico. Locutor. Melómano

Histórico