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¡Feliz cumpleaños, sonero!

Oscar D' León sopla 70 velitas

Oscar D' León sopla 70 velitas

El talento suele parecerse a los milagros. Por disposición divina, ciertas criaturas nacen con una facultad que va más allá del entrenamiento, el estudio y la determinación, y, con suerte, va acompañada por esos tres ingredientes. Si ese individuo logra dar en el blanco de su vocación, en este caso cantar y entretener, lo que resulta es una combinación perfecta: una multitud vulnerable de ser seducida, deseosa de entregarse a una experiencia sonora placentera; y del otro lado, un hombre que tiene en su poder la posibilidad de hacerla levitar con sólo escuchar, bailar, cantar, saltar.  
 
Supongamos que, como parte de un experimento sociológico, un niño es preparado desde pequeño para ser como Oscar D’León. Sería guiado por profesores de teoría y solfeo, armonización, orquestación, baile y canto. Sería aislado de toda influencia anglosajona para no cortar la luminosidad del trópico. Pero al final, no importarán cuántas lecciones reciba para usar sus cuerdas vocales y tocar el contrabajo a la perfección. Serán insuficientes las exposiciones a la obra de Benny Moré, Eddie Palmieri, La Fania, La Sonora Matancera y otras tantas e ineludibles referencias caribeñas. Será infructuosa la misión porque simplemente nunca lo logrará.
 
Se suele ubicar en casillas muy distantes entre sí a figuras como Barry White y Celia Cruz, a Chavela Vargas y Miles Davis, o a Michael Jackson y a ese hombre que creció en Antímano manejando un carro por puesto y soñando con salsa día y noche, sin saber que un día pertenecería a una élite de luminarias indiscutibles. Todos pertenecen a una misma especie, a la que le resulta natural cautivar a otros. Oscar Emilio León Simoza cumple 70 años de edad el jueves 11 de julio, excusa para comentar su genio a pesar de que es uno de esos artistas de los que se podría escribir en cualquier momento.
 
El eterno ex vocalista de La Dimensión Latina, ese al que llaman el Sonero del Mundo, ya no pertenece al reino de los mortales. No sólo es un cantante con amplio registro. Es un intérprete con un extraordinario sentido del ritmo: una gracia que escapa de toda rigurosidad académica. Su swing, que le abrió las puertas de bares y salones caraqueños desde principios de los años 70, también le permitió cruzar el umbral de la fama mundial. Es profeta en su tierra y en todas las tierras en las que la salsa es parte de una idiosincrasia, o al menos un elemento exótico y seductor.
 
Cada vez que algo le ocurre, la prensa y el público corren a cerciorarse de que el sonero está bien, como quien llama a un familiar en una situación de emergencia. Ocurrió en junio de 2003, cuando tuvo que ser llevado a la unidad de terapia intensiva del hospital de Fort-de-France, capital de Martinica, por un problema cardiológico. El otro susto llegó el 20 de diciembre de 2009, cuando sufrió un infarto mientras corría por Prados del Este, por el que tuvo que ser trasladado velozmente al Urológico San Román. Pero el sonero, una de las fuentes de talento más palpables que se han visto en esta tierra de gracia, siempre se levanta.
 
En abril, una caja le dio de lleno en su ojo izquierdo, cuya funcionalidad es todavía un enigma. Mientras sigue siendo examinado por oftalmólogos –hoy martes 9 de julio estará en consulta– sólo piensa en el escenario. Hace un par de semanas llegó manejando su propia camioneta a una rueda de prensa. Cruzó el umbral hacia el lobby del hotel Eurobuilding risueño y reluciente, y dijo que, mientras su garganta esté bien, no necesitará más nada. Y tiene toda la razón. Es una voz y un alma que retumba en clave salsera. Es un luchador difícil de vencer porque, con él y gracias a él, bailan simultáneamente millones de corazones.

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Sobre el autor

Gerardo Guarache Ocque

Periodista egresado de la UCAB. Músico. Locutor. Melómano

Histórico