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Manifiesto agroecológico III (curando)

Las partes I (pro-blema) y II (consecuencias) de este artículo pueden leerse en http://bit.ly/Zgrbao. Muchas son las veces en las que, enfrentados con un problema (hambre y crecimiento exponencial de la población, en el caso de lo que nos atañe en este artículo), tomamos caminos que prueban solucionar en el corto plazo y convertirse en problemas mayores en el mediano o largo. Llegados a ese punto, suele ser inviable regresar al momento inicial. Con el caso de los modelos actuales de cultivo pasa exactamente igual: es imposible plantearse un regreso a los métodos de siembra de hace 200 años.

Para empezar, en esa época había 2% de la población que actualmente hay y de paso la tierra no estaba enferma; y por otro lado sería negar las virtudes de los avances científicos. Nadie plantea regresar a la prehistoria, pero tampoco tiene sentido avanzar hacia el despeñadero.

Un buen ejemplo de los problemas ideológicos que plantean los avances tecnológicos se da con el caso de las semillas con modificación genética (más conocidas como transgénicas), la gran vedette de los sistemas de monocultivo y producción masiva de alimentos. Creo en las virtudes de los estudios genéticos (en el caso de la medicina han implicado un avance tremendo), de allí que personalmente considero un error haber llevado la discusión en su contra al terreno de la salud, ya que (aún) es muy temprano para saber si son dañinas. No he conseguido un estudio científico que me convenza en esa dirección. Aunque en inglés, vale la pena leer este artículo de la OMS: http:// bit.ly/cVYujn.

Esta debilidad argumental es de la que se han valido las grandes corporaciones de producción de semillas cuando las objeciones en su contra deberían seguir cinco direcciones irrebatibles: exigen toneladas de pesticidas y herbicidas (lo que sí es, probadamente, dañino para la salud), generan pobreza, generan dependencia (y atentan contra la seguridad alimentaria), generan pobreza cultural y matan (literalmente) la tierra.

Lo interesante de los movimientos agroecológicos radica justamente en su pragmatismo. No son negadores de la tecnología. En palabras de Eduardo Sevilla: "La agroecología propone un enfoque pluralista que asume todo conocimiento, también el científico, como contextual y subjetivo, tomando en cuenta la diversidad histórica, ecológica y cultural". Estamos a tiempo, 60% del planeta sigue siendo agroecológico debido a que mantiene métodos de siembra tradicionales, pero la presión es enorme y ese número baja rápidamente. La clave está en empezar por devolverle la vida a la tierra, a ese 40% que ya matamos. No es fácil plantearse esto porque en el fondo la forma actual de cultivo es fácil: siembro semilla con agrotóxico, agrego fertilizantes y herbicidas, riego y me acuerdo de nuevo cuando toca cosechar. Llegamos al punto en el que es más costoso tener prácticas ecológicas de siembra, pero es una irresponsabilidad para con el futuro del planeta.

Concretamente, los movimientos agroecologistas proponen enseñar métodos agroecológicos que sustituyan los agroquímicos por elementos biológicos, pero con una biotecnología manejada por la gente común.

Entienden que los sistemas de manejo tradicionales deben actualizarse porque las condiciones han cambiado, pero con el auxilio de tecnologías apropiables por la gente mediante -intento un resumen libre- siete estrategias:

a) Romper la dependencia mediante la producción y conservación de semillas, que por principio no deben ser híbridas.

b) Reciclaje de nutrientes rompiendo el círculo vicioso del subsidio energético.

c) Entender los conceptos de complementariedad.

d) Reivindicación de métodos tradicionales efectivos.

e) Reivindicación del concepto de soberanía alimentaria.

f) Revertir los patrones de consumo modificados mediante la recuperación cultural de hábitos perdidos.

g) Buscar la sinergia de organizaciones porque personas aisladas difícilmente pueden cambiar un modelo tan poderoso.

Se trata de una lucha de resistencia que hay que librar. Ser coherente con la vida implica trabajo y tiene un precio, pero por suerte cada vez son más los enamorados de las causas imposibles.

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Sobre el autor

Sumito Estévez

 Chef, escritor, empresario, educador y personalidad televisiva venezolana.

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