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El ejemplo que la salsa dio

Desde que la salsa es salsa, es costumbre hacer análisis y diagnósticos para precisar cómo anda y, posiblemente, especular sobre su futuro. De una les digo que estamos siendo testigos y partícipes de acontecimientos que nos hacen sospechar que la salsa está vivita y coleando.

El día que el candidato Henrique Capriles se dirigió al país para anunciar el siguiente paso a seguir en la protesta por la petición de la auditoría de las elecciones del 14 de abril, específicamente las acciones a seguir el día que se juramentaría el candidato oficial; ese día el flaco Henrique convidó al país a poner salsa, a dejar por momentos las cacerolas a un lado y asumir el toque caribe, la alegría. Caracas, cosa que me consta, rumbeó sin cesar al swing de Barreto, Palmieri, Rivera, Celia, Feliciano, Miranda, Oscar, Lavoe y Colón, entre otros que sonaron duro.

Es que la salsa no ha estado de lado en el lío político actual, ha sido protagonista. Hace poco tiempo Willie Colón entró en la disputa, independientemente de la pertinencia de un comentario suyo sobre la enfermedad del entonces presidente Hugo Chávez, una soberbia ministra defendía a su líder acuñándole el adjetivo de "segundón" y, palabras más o palabras menos, tildó de fracasado al trombonista niuyorican. No gastaré espacio para replicar tan absurda afirmación dirigida a uno de los más exitosos músicos del Caribe por lo menos del siglo pasado. Y Willie siguió en la pelea, tomó un tema del actor y cantante Rolando Padilla y lo convirtió en otro éxito, con la malandrés musical que lo ha caracterizado, y puso a bailar a por lo menos la mitad del país con tremenda salsa.

Otro guiño significativo salsero fue la invitación que me llegó vía mensaje de texto de un amigo, convocándome a una reunión en un lugar nocturno presto a la pachanga. Al llegar allí ­eran los días de la corta campaña electoral para la pasada elección presidencial­ vi caras conocidas, era una treintena de rumberos, gente de baile, preocupados por el acontecer del país y con la esperanza de que cambiarían las cosas apoyando de manera firme a Capriles. Quieren vivir en paz, quieren rumbear en paz.

El día de cierre de campaña de Capriles estuvo animando en la tarima Bailatino, una de las representaciones salseras más queridas y sonoras de carácter internacional del país. Este hecho no gustó a las tribunas del Gobierno que reclamaban como suya la exclusividad de la banda. Que Bailatino participara en ese acto electoral significa que, es obvio, el país está partido por la mitad. Bailatino es del pueblo y toca para los dos lados.

En los años setenta, momento estelar del boom salsero, por lo menos Caracas bailaba al son del movimiento, era el lugar donde se más se vendían discos en el mundo y las radios explotaban la salsa de una manera colosal. ¿Era la salsa adeca o copeyana? No, era caraqueña, unitaria y respondía a la expresión de la alegría de todos los ciudadanos dispuestos a abrazarse.

Aprovecho la oportunidad para citarnos hoy por la tarde en el Festival de la Lectura en la plaza Francia de Altamira, donde compartiremos en un conversatorio con el escritor colombiano Mario Jursich, quien se dispondrá a hablar de la salsa en Bogotá, tema de su nuevo libro, ¡Fuera zapato viejo!

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