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La Liga de los desligados

La creación de una organización que agrupe a los clubes profesionales es una urgencia. Adscritos a la Federación hace más de tres lustros, las posibilidades de crecimiento son mínimas y las taras se multiplican. Mientras la Vinotinto florece próspera amparada en sus éxitos, el torneo local agoniza como empresa. Hijos del mismo padre, las diferencias los colocan de espaldas en una relación perniciosa que no se retroalimenta.

Los equipos han decidido tomar la iniciativa y atender a la demanda. Agrupados en sesiones de discusión, optaron por asir en sus manos el rumbo de su destino. Que el proyecto, apenas un boceto entusiasta, derive en realidad, dependerá de la fuerza con que los dueños acometan la cruzada y el buen ejercicio diplomático que les permita avanzar sin generar enfrentamientos.

El producto está herido de muerte y muchos de los dirigentes entienden que es preciso dar un golpe de efecto que les permita tomar el control. Decidir sobre el espectáculo en el que invierten sin que haya el retorno suficiente para cerrar los balances con números en verde, es un derecho. Pero no basta con la intención: quienes pergeñaron la idea y trasladan entusiasmo a sus pares, deben definir con claridad un modelo viable, sostenible y rentable.

Ese es el gran reto.

No hay otra salida para los equipos que independizarse y ser dueños de su destino.

En su momento la Federación ofició de salvadora de la desaparecida Liga de Fútbol Profesional, cuyo último presidente, Laureano González, detenta el cargo de vicepresidente en el ente que dirige Rafael Esquivel. Fue, en buena medida, una decisión que fusionó dos espacios de poder enfrentados. Las consecuencias en el largo plazo son fácilmente verificables.

El grupo que persigue el cambio y volverá a reunirse en dos semanas, deberá enfocarse en el aficionado como núcleo para el diseño de su estructura de negocios.

Que el hincha pueda acudir seguro a los estadios, que integre a sus familias en un entorno apacible y cómodo, que disfrute de un nivel competitivo alto en base a un mercado sano y que, si ha de observar a la divisa de sus amores en una pantalla de TV, tenga las mismas retribuciones.

Los pasos son complejos.

Ejemplos de iniciativas fecundas sobran: desde la MLS hasta la liga australiana, con el paradigma de la Bundesliga como faro que alumbra al planeta. De igual modo, con sus matices y especificidades, deportes como el beisbol o el baloncesto nacionales pueden ser una buena referencia.

La transformación debe llegar al fondo mismo de las instituciones. Caracas es un espejo para la mayoría, pero incluso el mayor ganador de títulos en el país debe replantear algunas de sus premisas. Todos deben apuntar a la depuración económica, tanto para generar mayores recursos como para fiscalizar el origen de los fondos sobre los que se sostienen. Eso, amén de un mejor y más justo acuerdo por los derechos televisivos, son factores esenciales en la refundación.

Mejorar el empaque del producto y hacerlo más atractivo redundará en beneficios comunes. Habrá que sincerar realidades y plantear objetivos que funcionen como filtro.

Quien no pueda afirmarse sobre la base de la solvencia financiera, con garantías para su personal y el resto de competidores, quedará al margen.

Socios, en el sentido más estricto del término, con metas precisas, lógicas y evaluables en el tiempo.

La Liga será una realidad con buenos augurios si sus integrantes, antagonistas en la cancha, dejan de estar desligados y apuntan hacia el beneficio colectivo.

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Sobre el autor

Daniel Chapela

Periodista egresado de la UCV. Locutor. Comentarista. Coordinador del Curso de Especialización en Periodismo Deportivo. Autor del libro El Once de América.

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