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Finales agradecidos

Todo ciclo debe tener un buen cierre. El éxito del proyecto que vendrá dependerá de que la historia anterior no deje fisuras. Que haya un reconocimiento al que dio vida a lo que nos alimentó la ilusión y regó de semillas el camino, garantiza la fertilidad de los próximos terrenos a labrar. Se acaba un emprendimiento, el ingenio da lugar a la renovación y el aire fresco de las ideas en ciernes se llena de la energía sólida de la ventura.

Lo pasado, aunque quede atrás, puede ser un regalo invaluable. La experiencia, ajena a juicios, dibuja mapas de ruta actualizados que conducen a destinos robustos, abiertos a la transformación. Defenestrar aquello que sostuvo una estructura no propicia el aprendizaje.

Lo contrario: del lugar correcto que cada acción anterior al cambio reciba en el recorrido, se construirán empresas sanas.

Los clubes del fútbol venezolano apuntan a la creación de una Liga que les ofrezca una salida a la crisis en la que están sumidos.

Alentados por el entusiasmo de algunos propietarios, la necesidad de agruparse alrededor de una causa común modificó su propio sino. La ruptura con el actual estado de cosas es inminente. Más temprano que tarde, la organización que pergeñan será una realidad que inaugurará una era y repotenciará la esperanza.

Cada movimiento deviene en una decisión que consolida la idea. Pero tan importante como definir modelos, y formatos de competencia, los equipos deben entender que una buena negociación con la Federación es un requisito fundamental. Colocarse en la acera contraria, de cara al conflicto, no será un beneficio ni le dará fuerza al árbol cuyas raíces surcan la tierra árida.

En la misma línea, la propia Federación se plantea hoy el traspaso de timón en la selección nacional. Es vox populi que César Farías culminará sus funciones una vez se concrete el acuerdo que propicie una salida satisfactoria para ambas partes. Un final adecuado, que con equilibrio asuma deudas y ganancias, permitirá que el sucesor trabaje en el entorno óptimo para que el proceso naciente se levante sobre bases firmes y libres de maleza. También coadyuvará a que la elección del próximo técnico esté libre de rémoras.

Las críticas a la gestión de quien tiene el poder de decidir son necesarias. La mirada fiscalizadora de los medios también. Pero incluso en el ejercicio de construir un balance, la subjetividad lucha para mantener lindados sus dominios. De allí que sea una necesidad una distribución equitativa de las cargas. Las positivas y las negativas. Lo que sumó y lo que restó. Solo así las cuentas dejarán números en verde y será posible edificar sin temor a fracturas.

La revisión de la historia reciente es una herramienta útil para entender el destino del fútbol de este país. Hubo pasos significativos en la última década, no siempre valorados en su justa dimensión. También malas decisiones, como la expansión del campeonato después de la Copa América 2007 o la forma inadecuada cómo se afrontó la sustitución de Richard Páez el mismo año. En cada acción hubo más de un responsable y algún acierto a pesar del despropósito. Con el fiel de la balanza en el centro, es más justa la lectura.

El primer paso para que la nueva aventura prospere es respetar todo lo que se deje atrás. Agradecer con la humildad de quien no espera más en retribución que el vigor de su propio emprendimiento. De las rupturas y las crisis, surgen los momentos más lúcidos de creatividad.

www.danielchapela.com 

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Sobre el autor

Daniel Chapela

Periodista egresado de la UCV. Locutor. Comentarista. Coordinador del Curso de Especialización en Periodismo Deportivo. Autor del libro El Once de América.

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