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Primal Scream: 30 años de plena vigencia

Portada del álbum <i>More Light</i>, de la banda <i>Primal Scream</i>

Portada del álbum More Light, de la banda Primal Scream

Cuando un grupo con larga historia a sus espaldas y un buen puñado de discos imprescindibles tarda cinco años en editar nuevo material, la expectativa siempre se acrecienta. En el caso de la banda británica Primal Scream, fundada por el vocalista Bobby Gillespie (para entonces baterista de The Jesus and Mary Chain) en Glasgow, Escocia, en 1984, el álbum More Light demuestra que el manantial está lejos de agotarse. No importa que en el tiempo que separa el disco anterior, Beauti- ful Future (2008), el bajista Gary Mounfield regresara a su banda madre, The Stone Roses, y el guitarrista/bajista Robert Young, presente desde el primer álbum, haya abandonado la formación. Gillespie, Andrew Innes (guitarra) y Martin Duffy (teclados) -ayudados por una larga lista de colaboradores- han seguido adelante concibiendo un disco que es una especie de compendio de todas las influencias y vericuetos sonoros que la banda ha explorado y explotado desde sus comienzos, vale decir: rock lisérgico y psicodélico, electro pop, shoegaze, post punk garajero, dub, acid house, blues retorcido, soul rock de aroma stoniano, krautrock, melodías pop de carácter hedonista, dance rock y mucho espíritu callejero.

Si hubiera que elegir un grupo de rock para describir la evolución y desarrollo de la música pop del último cuarto de siglo, pocos tan adecuados como esta banda escocesa. Escuchar sus discos en orden cronológico permite apreciar los cambios, las idas y venidas, el pasado, presente y futuro del ecléctico universo pop.

Primal Scream sigue siendo un espejo de su tiempo. Lo ha sido especialmente desde que en 1991 se dejó seducir por la música electrónica, el sonido Manchester y el acid house, de la mano de los productores Andrew Weatherall, Alex Patterson (The Orb) y Jimmy Miller (de fama con los Stones), quienes le dieron forma a Screa- madelica , una calidoscópica amalgama en tiempos de la sampledelia y la cultura rave.

En los primeros dos álbumes, Sonic Flower Groove (1987) y Primal Scream (1989), apenas se intuía su potencial, aunque ya se escuchaban los ecos de MC5, The Stooges, Spacemen 3, Velvet Underground y los Rolling Stones, quizás la influencia más constante a lo largo de toda su obra. Con Give Out But Don´t Give Up (1994), el grupo se alejó de Scremadelica para coquetear con el soul, el funk y el sonido Stones. Fue una muestra de la independencia que en años sucesivos caracterizaría su carrera.

Dos años después ocurre un nuevo punto de inflexión con el reclutamiento del bajista Gary Mounfield (The Stone Roses) y el tema que da título a Trainspotting , filme ícono de la cultura pop contemporánea.

Primal Scream siguió escribiendo la historia en primera persona. Vanishing Point (1997), XTRMNTR (2000) y Evil Heat (2002) fotografiaron el estado de la música pop y la sociedad en la transición entre siglos, ampliando la paleta con pinceladas de krautrock y techno industrial. Los arreglos y mezclas de Kevin Shields (My Bloody Valentine) aportaron mucho para crear momentos de siniestra belleza y seductora agresividad.

El grupo dio una nueva vuelta de tuerca con el bluesero y áspero Riot Ci- ty Blues (2006), y de nuevo otro giro del periscopio con Beautiful Future , con mayor dosis de melodía y menos frenetismo, hasta llegar a este fantástico Mo- re Light , con el que mantienen la capacidad de sorprender y atraparnos.

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