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Una vida nueva

Tal vez los años han pasado y no recordamos bien, pero nos parece que nunca en el quehacer del fútbol venezolano se había levantado tanta expectativa por conocer al nuevo técnico nacional. Van y vienen las opiniones para uno y otro, y vaya usted a saber. Cuando Richard Páez ocupó el lugar del argentino José Omar Pastoriza,  fue un paso lógico. Cosas parecidas de Páez a César Farías, aunque por entonces había quien hinchara por Noel Sanvicente, en el clímax de su carrera por los títulos con el Caracas.  Pero ahora es diferente, de plano,  porque contrario a lo que se podría pensar, el interés por la Vinotinto no se ha esfumado, aun después de la eliminación al Mundial. Más bien parece haber crecido, porque la gente siente, con razón, que afinando detalles se pudo haber llegado a Río de Janeiro y Sao Paulo. Esta vez, caramba, cuatro o cinco tipos se asoman por los ventanales, a ver a quién le dan la llave del portón. Sanvicente, Eduardo Saragó, Richard Páez, Rafael Dudamel (¿se han olvidado de Carlos Maldonado, hace unos años potente candidato?). Cada uno tiene quien lo defienda, cada cual ya es en las fantasías populares el nuevo tutor de la selección nacional…

Y aquí hacemos un alto en el sendero. El manojo de hombres que aspiran tienen aspiraciones de trascender. Pero, detrás de ellos, en lo más profundo de las cosas, unos cuantos técnicos, conocedores del vacío, han enviado desde distintos confines del planeta cartas ofreciendo sus servicios; inclusive, hay quien ha dicho que lo haría “más barato que los demás”. La selección, y es lo que estimula, es ahora apetecible. Es un bocado delicioso, azucarado, al que provoca echar un mordisco. Y esto, que  era impensable hace algunos años, es la heredad del trío Pastoriza-Páez-Farías, de sus conquistas con sabor a victoria. El refranero popular habla de “quien les quita lo bailao”, pero según lo visto, más bien podríamos decir “quien les quita lo entrenao”. Desde Colombia, Argentina, Paraguay, Serbia, llegan algunos ofrecimientos de los que aseguran que dirigirían al seleccionado ”más barato que los demás”. En todo el 2014 no habrá competencias internacionales que motiven y convoquen inversiones, y eso hace inviable una contratación de alguien que venga del extranjero. Seguimos pensando que la selección requiere de un técnico joven, joven de ideas, que se entienda así, que traiga nuevas proclamas, que invoque  los nuevos tiempos y que haga estallar en los jugadores, como un juego de fuegos artificiales, el fútbol renacido y feliz, y no a alguien cuyos argumentos ya sean conocidos y vividos…

Eduardo Saragó ganó enteros con su conquista de la Copa Venezuela. Además, ante el Táchira, y eso no es poco decir. Richard Páez está en el puesto de adentro, como dicen los hípicos, para alcanzar la corona nacional mañana con Mineros de Guayana, y esto tampoco es moneda corriente. A la vez, Noel Sanvicente, quien se sabe que no es “el niño bonito” de la Federación,  se regodea con los logros alcanzados con un equipo modesto como el Zamora, que sin jugadores relucientes ganó el título pasado y ha estado en lucha denodada en el torneo que este domingo apagará su último destello.  Rafael Dudamel, outsider del grupo, tuvo luces al clasificar al equipo al Mundial Sub 17, aunque parece que tal avance, con todo el camino por delante, no es suficiente aún. Lo que habrá de venir será una ruta larga, muy larga, y la planificación a plazo extendido será una prioridad insoslayable. ¿A quién va usted? Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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