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El valor no es el precio

Bale ya inauguró su cuenta goleadora en España | AP

Bale ya inauguró su cuenta goleadora en España | AP

La entrada al campo de Gareth Bale el martes en la tarde, simbolizó muchas cosas para el fútbol. Para el Real Madrid, que ya ganaba 3 a 0 pasados 60 minutos de partido, la ratificación de una superioridad que nadie discute. Un acto de arrogancia, intencional o no, del sentido universal de la potencia que somete al chico. Fue algo como que, en una batalla, el vencedor derrota al enemigo y luego lo remata con una bomba atómica. Hay un principio militar que habla de explotar el éxito, que hay que conocerle la medida para que parezca, paradójicamente, humanitario; y eso, por cierto, no fue lo que lo que hizo el Madrid. Qué falta de consideración. ¿A qué viene todo este cuento originado en el ingreso a la cancha del galés Bale? En aquel momento pensamos en los 100 millones de euros pagados por el que ahora es el jugador más caro de la historia, y pensamos, también, en Salomón Rondón. ¿Puede Bale costar en el mercado del fútbol diez veces más que el venezolano? Por este pagaron desde la remota Rusia diez millones de la moneda europea, y la comparación nos llevó a una reflexión acerca de lo que vale y de lo que cuesta, y de que los puntos de referencia aquí pierden todo significado...

Principalmente ha sido un asunto de escenarios, de dónde está parado cada uno, porque asumiendo las diferencias, se debe admitir que Bale es mejor que Rondón, sí, pero ¿cuánto? ¿veinte por ciento, treinta por ciento? Mientras el jugador de la Vinotinto fue del Málaga a Rusia casi sin ruido, la contratación de Bale estuvo rodeada del boato estridente de todo el que llega al equipo de Chamartín, esa fiesta pagana que replica las Dionisíacas de Atenas para adorar a los dioses.

Sería una irrealidad, un surrealismo las cosas al revés: que el venezolano llegase al Madrid y el otro a la antigua Unión Soviética.

Entonces, hay que decirlo: el fútbol venezolano, con Rondón y todo, ha crecido en el ámbito internacional, pero solo tibiamente. En Europa no conocen a este país por futbolero, y tal vez por casi nada, y no hay manera de pensar que futbolistas de aquí lleguen al gran teatro.

Esta semana hemos visto la Liga de Campeones, y no divisamos, por más que oteemos en el horizonte de los partidos, a ningún jugador venezolano. Bueno, sí hay uno: Ronald Vargas, en el Anderlecht, aunque no juega por la lesión. Por eso la creencia según la cual Venezuela está cerca de las cosas grandes, es más que todo un acto de fe, una utopía. Solo como un ejemplo y que sirve para medir las distancias: ¿saben cuántos brasileños hay en la Champions?, sesenta y cuatro. Argentina y Uruguay deben estar cerca, y todo esto da la verdadera idea de los tamaños de uno y otros...

Un día después del Galatasaray-Madrid, se desplegó en el Camp Nou el Barcelona. Tres brasileños (Dani Alves, Adriano y Neymar, el jugador "con cara de pillo", como dijo alguna vez Alexis Correia en El Nacional ), dos argentinos -Javier Mascherano y Lionel Messi-, un chileno, Alexis Sánchez. Hacia allá miran los magnates del fútbol; no hay ojos, ni de soslayo, hacia Venezuela. Por eso sería fundamental una clasificación al Mundial.

Al gran torneo van los "intelectuales" a ganarlos, seis o siete selecciones; los demás, a decirle al mundo que existen y que están en la geografía universal. Así se dieron a conocer Camerún, Nigeria y Costa de Marfil y sus jugadores han ido a Europa a hacer fama y dinero. Ahora, y ese es el anhelo colectivo, puede tocarle a Venezuela.

Nos vemos por ahí.


 

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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