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El silencio de los inocentes

El silencio, a diferencia del miedo, sí puede ser inocente. Y no se vaya a pensar que vamos a hablar sobre la celebrada película en la que Anthony Hopkins nos asusta con su penetrante mirada de caníbal al acecho, sino de una situación del fútbol venezolano que, salvo algunos comentarios al oído, chismes de calle, nadie se ha atrevido a proclamarlos en voz alta.

Ha sido un decir, más como una preocupación que como una denuncia, y tiene que ver con el equipo venezolano Sub-17, en el que, por esa inocencia de la que hablamos, tal vez nunca se habló del tema. Todo tiene que ver con Andrés Ponce, el goleador vinotinto que puso sobre sí las miradas del campeonato suramericano. ¿Es Ponce verdaderamente un Sub-17? Por ahí, por los pasillos futboleros, se asegura que está pasado de la edad; y, para completar se dice que el muchacho es nacido en Colombia. Su manera de hablar de cierta forma lo ratifica, y las sospechas han crecido con los días. Estas cosas pasan de común en el fútbol de este país, donde muchas veces no se sabe de qué color son los gatos. Pasó recientemente con Jackson Clavijo, jugador de la Sub20, y eso es solamente la primera página de un libro que tiene mil capítulos...

¿Quién es venezolano y quién no? ¿Es más venezolano Jefferson Suárez por el accidente de haber nacido en esta tierra, que Ponce, quien aunque hubiera visto su primera luz en el lado de allá, ha vivido casi toda su vida, y han vivido sus padres, en el estado Zulia? Suárez, como Fernando Amorebieta, como los hermanos Rolf y Frank y Feltscher, como Andrés Túñez, como Dani Hernández, son venezolanos solo de alguna forma, no plenamente, pues nunca jugaron aquí y han vivido casi siempre en Europa.

Visto así, desde el corazón, Ponce tiene más derecho a ponerse la camiseta del país que el grupo nombrado; aunque, ¿quién puede medir esto? Solo que, vaya que siempre hay un "solo que", en algún momento podría venir una reclamación y poner la actuación del equipo venezolano o del jugador en el Mundial, en entredicho (y, lo de la edad puede ser un detalle, aunque este dato suele ser incomprobable). Claro que vez por ser Sub-17 el torneo, al que los países del tradición futbolística le dan muy poca importancia, puede las cosas pasen inadvertidas, pero el periodismo, que más que denunciar debe advertir, puede ser esa voz, hasta ahora tan callada. En un tema de nunca acabar, una conversación de matices, en un fútbol en el que muchos de los jugadores profesionales nadie sabe de dónde salieron. ¿El silencio de los inocentes? No, el silencio de las complicidades...

Zamora y Anzoátegui llegaron al llegadero y es momento para hablar del campeonato, para tanta gente venido a menos en calidad de juego y estancado en organización. De fútbol a fútbol es posible que haya sido un torneo menor, que no haya habido el talante imaginado en tiempos en que la Vinotinto suena en el continente, pero eso es subjetivo y discutible; lo otro, sí parece ser inobjetable.

¿Cuál fue la última reforma para mejorar el espectáculo? ¿Desde cuándo no hay una reunión en la que la máxima preocupación sea la de mostrar algo diferente, nuevo, atractivo? Salvo las últimas y decisivas jornadas, además del fútbol de mal gusto, de las canchas en precario estado, la soledad en los graderíos marcó pauta. ¿A nadie se le ocurre algo distinto? ¿Tal vez, como en el Gatopardo, cambiar todo para que todo siga igual? Algo habrá que hacer, aunque sea para que, por cierto, todo siga igual. Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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