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Cuando la primavera no florece

Selección de la Vinotinto / AP

Selección de la Vinotinto / AP

En estos días que corren, en la selección Vinotinto la primavera se ha vuelto otoño. El amarillo vibrante del sol, gris. Y las ilusiones, desengaños.

Ahora, precisamente ahora cuando el equipo nacional requería de todo su arsenal, del ejército de posguerra para intentar la hombrada de vencer a Paraguay con una goleada de escándalo y esperar, con la espera desesperada de quien oye su sentencia, la caída de Uruguay o Ecuador para entrar en los papeles. Tomás Rincón y Salomón Rondón deben estar en sus habitaciones y de cara al techo, reviviendo mentalmente la desgracia de sus malas horas. A través del Premundial, Venezuela había tenido más fortuna que otros: pocos lesionados o suspendidos, y cosas así. Pero llegó el infortunio, el día cuando la Diosa Fortuna de Ignatius Reilly (personaje principal de La Conjura de los necios ) detuvo sus sortilegios, y las lesiones han terminado por enviar, por el hondo precipicio inescrutable de la desesperanza, el sueño de un país y de las agencias de viajes, que se frotaban las manos ante el negoción que tenían casi a la mano...

Rincón sabe que perdió no solo el partido, sino el derecho de autoridad que le hubiese dado comenzar a labrar el surco de caudillo.

Era el gran momento de comenzar a gritar, de decirle a los compañeros "¡epa, se va Juan pero aquí estoy yo! ¡Confíen en este gocho!".

Juan Arango, es sabido, dejará su rastro marcado después del partido ante los guaraníes, y en la selección se miran a las caras y se preguntan, desorientados, "¿y ahora?". Y Rincón tal vez era el hombre de la emergencia, el marinero detrás del gran capitán, y su gran día parecía haber llegado. Otras oportunidades habrán de ser, pero para entonces todo puede haber cambiado.

Rondón tiene otras preocupaciones, distintas prioridades. Nadie como él vive en la turbulencia del gol, obsesionado como estaba en la urgencia de batir a los paraguayos y darle respiro a Venezuela.

En fin, los dos sufrirán con cada jugada, vivirán con angustia y sofocos cada minuto, y si la Vinotinto no pasa, comenzarán a anidar en sus corazones el deseo amargo, pero verdadero, de una revancha mundialista...

¿Habrá algún equipo del fútbol nacional que se atreva a emular al Barcelona? ¿Al menos quien lo intente? Bien valdría la pena tratar de ser un espejo de aquella alucinación que, según lo visto ante la Real Sociedad, es el dueño de todos los embrujos. Sería todo un detalle que, con lo que se tiene, alguien tenga la osadía de ir en procura de un estilo que al parecer no se agota, con todo y que desde el punto de vista colectivo ha perdido algo de valor. Su imaginario está fundamentado en lo individual, pero teniendo a Lionel Messi, a Neymar, a Andrés Iniesta, a Xaxi Hernández, ¿quién se va a preocupar? ¿Será Mineros el atrevido?... Silencioso, pero con verbo agudo, llegaba a la antigua redacción de E NACIONAL para hablarnos, cómo no, de fútbol. Jugador de vieja data, compañero de canchas de los cumanéses Hernán "Pito" Pérez y "Mosquito" Heredia, era un crítico constante del quehacer venezolano, pero en el sentido de mirar hacia un fútbol ideal, aquel que él, sabios en esas cosas, tanto anhelaba. Fue Francisco "Paco" Veeris, quien el sábado pasado dejara la vida para emprender su viaje eterno. Aficionado a toda piel del Táchira, hoy le decimos, como le dijo el poeta Ramón Hernández a su entrañable amigo Ramón Sijé cuando supo de su muerte: "Compañeros del alma, compañero". Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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