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El juego del poder

El fútbol español no podría vivir sin Barcelona y Real Madrid.  Italia sin Juventus y Roma, Milan e Inter.. Alemania sin Bayer Munich y Borussia Dortmund. Inglaterra sin Manchester United, Liverpool, Manchester City, Chelsea y Arsenal. ¿Venezuela sin Táchira, Caracas y Mineros de Guayana? En los países europeos los clubes mencionados son blasones de inversiones, negocios y negociados, y en sus territorios la televisión pone, mueve y quita fichas del tablero de sus campeonatos. La pantalla rige la verdad y la mentira, lo que está bien y lo que conviene, y el resto de los equipos tiene que contentarse con el trozo del pastel del dinero manejado, casi a  voluntad, por aquellos que detentan el poder. Pasan los años y se afianzan los dueños de la pelota, y no se vislumbra, por mucho que oteemos en el horizonte,  algún  hecho que pueda hacer cambiar esta relación de desigualdad. El fútbol se ha convertido en un monstruo insaciable que todo lo devora, que pide más y más alimento, siempre en función de que los de arriba sigan manejando las marionetas del retablo…

 

Pero, ¿por qué hemos puesto interrogaciones a los equipos de este país? ¿Hay, acaso, dudas en cuanto al manejo de la plata? En España, Italia, Alemania e Inglaterra, la gente, así sea a regañadientes en algunos casos, acepta las cosas, porque al final de todo hay otros estímulos: la Copa de Europa cuando no se puede llegar a la Liga de Campeones, o el evitar, a todo evento, caer barranco abajo al el infierno de la segunda división. En Venezuela cambian las cosas. El fútbol de por aquí no tiene un desarrollo ni siquiera comparable al de países donde es parte de la cultura popular, y por eso su vaivén es derivado de otras razones. Es, tal vez, un caso único que el fútbol venezolano dependa mayormente del humor de alcaldías y gobernaciones, de quién esté al mando, y por eso los signos de interrogación. Se ve como una contradicción que instituciones del estado estén inmiscuidas en el deporte profesional, habitualmente propio de la empresa privada, pero hay motivos para que este sea así. ¿Recuerdan al Maracaibo? Pagaba lo impensado, hasta que la derrota del alcalde en las elecciones acabó con el sueño de jugadores y técnicos. Bueno, pero también pasó con empresarios: fue el Lara de hace dos temporadas. Nadó en un océano de dinero cuando unos inversionistas, de la nada, aparecieron por Barquisimeto con un maná de billetes. Sueldos fuera de contexto armaron un escándalo, hasta que la justicia se encargó de hacerlos correr, pues el brillo de sus cuentas provenía de negocios oscuros. ¿Acaso no puede pasar lo mismo con otros equipos? Aquí hemos relatado un caso de cada categoría, porque casi ninguno está fuera de peligro inminente...

 

En los días del Mundial de Argentina 78, Joao Coutinho, técnico de Brasil, declaró impotente: “Somos los campeones morales”. Sus palabras tenían que ver con que su selección auriverde, que había salido del torneo invicta, quedó fuera del título por la goleada propinada por Argentina a Perú. César Luis Menotti, conductor campeón con el escuadrón argentino, le respondió: “Que se quede con su campeonato moral, porque  nosotros ganamos el verdadero”. Ahora recordamos esto, porque el pasado domingo el Petare venció al Caracas después de soportar el asedio a su campo en el segundo tiempo. Los petareños se echaron atrás, renunciaron al ataque, porque era un asunto de defender o morir. El Caracas y su empeño no pudieron con la empresa, y terminaron cayendo 2 a 1. Entonces: ¿lo que hizo el Petare fue honesto? El reglamento, como la ley de la vida, no habla de “victorias morales”, como dijo Coutinho, porque estas se olvidan fácilmente. Dice que gana el que tiene la virtud de marcar más goles, y ese fue el cuadro azul. Nos vemos por ahí.

 

 

 

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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