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Jóvenes, de un modo irrefutable

La selección de Fútbol / AVS Photo Report

La selección de Fútbol / AVS Photo Report

El lugar común de César Farías, Eduardo Saragó, Lenín Bastidas y Francesco Stifano, no es, apenas, que son técnicos de fútbol profesional. Lo que los une, sin proponérselo, es que se han incrustado en la puesta en escena futbolística ante de los 40 años de edad, y tal vez sea ese un indicio claro, una bandera que se asoma en el horizonte, de la impostergable renovación de entrenadores venezolanos.

Por un buen tiempo, seguro décadas, hubo vanguardistas que, aunque llegados de ultramar, siempre fueron considerados hombres de este país.  Nacieron en Islas Canarias y crecieron, para la vida y para el fútbol, aquí: José “Pepito” Hernández, Manuel Plasencia, Francisco “Pollo Ronco” Sandoval, Rafa Santana, Nerio Hernández.

Aún existen y bregan, pero los hombres de menos de 40 se abren paso, no detrás de sus cenizas, sino tras el sendero marcado por la sabiduría de aquellos, verdaderos sospechosos habituales del conocimiento. Viene a cuento pensar en las ideas de entrenadores que, como sus antecesores, les ha tocado luchar contra aquello que el Quijote llamaba “molinos de viento”. Las dificultades son otras porque por estos días hay mucho más dinero y cobertura de los medios de comunicación social, pero todo los afluentes terminan en el cauce del río madre representado por la ausencia de un panorama azul y claro…

“Los jóvenes son jóvenes de un modo irrefutable”, escribió alguna vez, envuelto en su optimismo a todo evento, Mario Benedetti, y por ahí deben andar las cosas con tanto muchacho junto. ¿Llegan al fútbol con un bagaje de proclamas renovadas, traen en sus alforjas polvo de caminos sin transitar, ramas de árboles no tocados por la civilización? Tienen, también, agallas de hombres emprendedores no siempre bien escondidas en el sentido de querer ser timones de la selección Vinotinto (obviamente, aparte de Farías, quien por cierto es el único de la cohorte que ya cumplió los 40). La temporada que comenzará el 11 de agosto traerá en su estómago verdades, y los técnicos de nueva escuela tendrán que enseñar en la vida real, sus propuestas de cambio profundo.

¿Los jóvenes serán jóvenes de un modo irrefutable? ¿O, caramba, comenzaremos a extrañar a la vieja cofradía de siempre, los de toda la vida?...

La muerte de Christian Benítez forma parte las cosas inesperadas que la vida guarda a la vuelta de cada esquina; las que se ocultan en La insoportable levedad del ser, como en aquel texto aleccionador de Milán Kundera. Pero detrás de la tramoya pueden esconderse sombras que se disfrazan y buscan coartadas en enfermedades repentinas, como la del astro ecuatoriano. No es la primera vez que somos asaltados por noticias de este calibre, porque son cada vez más frecuentes las vidas robadas por el fútbol. Tal vez el jugador de hoy es, más que un ser humano, una máquina de producir dinero para los empresarios, los equipos y ellos mismos; pero esta razón tiene que tener un límite, un lugar adónde llegar. El dolor del ecuatoriano fue un accidente de la existencia, pero aquí también pueden “entrar en la cancha” factores como la extenuación,  el ir adonde no se puede llegar, la fatiga del cuerpo y del espíritu de hombres sometidos a los rigores de un mundo que solo acepta a los vencedores. ¿Habrá llegado el momento de revisar al fútbol, al deporte todo? Copa de las Confederaciones, Copa de Oro, Libertadores, Sudamericana, copas y recopas por todos los confines del mundo. Benítez puede haber sido un toque de clarines  de verdades que están por conocerse. Nos vemos por ahí.   


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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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