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Un hombre vino a ofrecer el corazón

Caracas Fútbol Club

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" No todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón./ Tanta sangre que se llevó el río/ yo vengo a ofrecer mi corazón". El canto de Fito Páez fue entonado en los eternos 90 minutos del partido, fue "un disparo de nieve, una luz cegadora" que dio claridad al alba, amanecer a la mañana, calor al mediodía. En los respiros y los ahogos, en el alivio y la desesperación, en el terciopelo y las asperezas, él fue el redimido salvador. No el héroe del lugar común, porque el héroe es el que da la vida por la vida misma; él la dio, pero en el sentido figurado que nos regala el idioma. El bosque se sembró de dudas y adversarios, de piedras enormes como huevos prehistóricos y animales salvajes de tamaños descomunales, de desquicios y extravíos, pero el hombre, que había llegado para ofrecer su corazón, se aferró con fe de creyente para llegar a donde había que llegar. Había belleza en todo aquello, porque hay belleza en la entrega y la generosidad; y la hay también en la sabiduría y la desmesura, en la locura cuando ser loco es preciso porque las urgencias te lo reclaman.

Fue antorcha, fue amigo, compañero y espejo refractario. Verse en él era ver más allá de las miserias; era ver todas las noblezas de este mundo: "Como un documento inalterable/ yo vengo a ofrecer mi corazón"...

Ha pasado el partido de Puerto Ordaz, y luego de días de saborear todo lo dulce que ha tenido una conquista así, hay que voltear hacia la Copa Libertadores. ¿Alguien se ha fijado en que este puede ser el año del fútbol venezolano? ¿Habrán echado una ojeada al jardín y darse cuenta de que todas las flores están por florecer? Con la Vinotinto lista para el gran salto, Caracas y Lara no renuncian. La gente de la Cota 905 esperará la próxima semana al Huachipato chileno, en un partido que puede significar muchas cosas a la vez. No hay manera de hacer una concesión; y de vencer al equipo del sur, el Caracas viajará a Río de Janeiro para hablar de la madera de que está hecho con el Fluminense. Los chilenos son raros: vencieron al Gremio en Porto Alegre y firmaron un armisticio con el Flu frente al Cristo del Corcovado, pero sacaron banderas blancas de rendición en casa ante el propio cuadro de Ceferino Bencomo y frente al de Fred y su pandilla. Lara, incomodado después de ser goleado en Barquisimeto por el Olimpia paraguayo, va a la misión casi imposible de conseguir ganancias en Rosario frente a Newell’s Old Boys y en su parque contra la Universidad de Chile. Lo que vale la pena resaltar es que, por primera vez en años, todo está pendiente, y va a seguir así hasta las últimas fechas. Con la Vinotinto y con los equipos.

Los ángeles del fútbol pasean por estos lados...

En el furor de ganar, todas las cosas pasan. Es como una orgía caótica, como todas las orgías, y este estado de ánimo exalta pasiones escondidas. Lino Alonso declaró, en rueda de prensa después del juego ante Colombia, y dijo cosas que, más allá de sus verdades, echaron agua en la cerveza. Alonso la emprendió contra comunicadores sociales "sabiondos", según sus palabras. El momento no era el apropiado, porque no había nada para pensar, sino para festejar. ¿Quiénes son los "sabiondos"? Si estaba dispuesto a hablar del asunto, pues ha debido citarlos. Muchos podían haberse sentidos aludidos, y no era justo. Además, llama la atención en Lino, hombre comedido, taciturno, observador del mundo que lo rodea, y muy lejos de los habladores de inutilidades. Al final de todo, cosas pequeñas, cosas olvidadizas. Nos vemos por ahí.


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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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