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La estrella del sur

Dicen que la Estrella de Belén salió por oriente, y desde su aparición en el firmamento ha sido guía del hombre y sus descendencias. Haciendo un paralelismo, en el fútbol de Venezuela la estrella insignia ha salido por el sur, ese "sur que también existe", como le oímos decir alguna vez al poeta uruguayo Mario Benedetti. Y estamos hablando de Mineros de Guayana y Richard Páez, recién coronados campeones del Torneo Apertura, después de pasar por avatares de vicisitudes e incomprensiones. Y no lo decimos solo porque el equipo con asiento en Puerto Ordaz haya alcanzado el título de la mitad del campeonato nacional, sino porque como le dijo Páez a Pablo García Escorihuela en El Nacional , "es hora de innovar". 
Y en ese "innovar" hay un montón de conceptos que mueven en sus entrañas a un fútbol que por fuerza mayor tiene que cambiar, ser otra vez algo defendible, y convertirse en una empresa moderna, como ha sido en tantas partes del mundo. 
Mineros fue el único equipo del torneo que jugó distinto.. Y no es porque haya tenido jugadores estelares del medio nativo, ni tampoco porque haya invertido cantidades incontables de dinero. No, la verdadera razón de este movimiento tiene su relación directa con los preceptos y las convicciones inculcadas por Páez. 
No surtieron efecto durante el semestre pasado, porque a los jugadores les costaba entender la nueva liturgia. Fue, como el veneno, abriendo surcos poco a poco, llenando sus espacios, hasta llegar a lo que llegó: un cuadro que concebía el fútbol ofensivo y desplegado, con belleza en el hacer, con alas abiertas en pleno vuelo por encima del océano inmenso de las canchas venezolanas. Mineros fue la versión local del Barcelona, y viéndolo evolucionar en el terreno, con ese fútbol de estética sin desmedro de la furia defensiva, vienen a la memoria los días aquellos del técnico merideño con el timón de mando de la selección Vinotinto. Fueron los días de la transformación, de las nuevas actitudes, de la fe de los jugadores en ellos mismos. Entonces, Páez contagió con sus postulados a los hombres de Guayana, aquella "Pandilla del Sur" que por creer terminó creyendo. 
Esta es la última Camiseta 10 de 2013. Un año azaroso, turbulento, en el que hubo sueños y decepciones. Como ha sido habitual en los tiempos recientes, los equipos se vinieron a menos en las copas Libertadores y Suramericana, y pusieron en el escenario las dudas acerca de su verdadera capacidad competitiva, de su razón de ser en el contexto internacional. Y como nunca, la gente en la calle se ilusionó con el Mundial Brasil 2014, porque había razones, verdaderas algunas, otras no tanto. En aquellos días pensamos que la caída Vinotinto iba a apagar el entusiasmo colectivo, que a la casa se le iban a caer pedazo a pedazo todos sus muros y paredes, pero la realidad nos ha disipado los malos augurios y de cierta forma nos ha devuelto la fe de algo mejor. 
El fútbol nacional suelta sus velas, en viaje en contra de los vientos de las dificultades, y sobrevive a pesar de todo. El 2014 será un tiempo de quietud porque no hay competencias internacionales, pero con la tranquilidad de El jardín de los cerezos , de Anton Chejov: cuando no pasa nada, es porque están pasando muchas cosas. Así habrá de ser: llegará un nuevo técnico, y con él ¿será Richard Páez?, tal vez, las renovadas ideas que pongan a Venezuela, de verdad verdad y al fin, en la órbita de las grandes selecciones. 
Feliz Navidad, feliz todo, y nos vemos por ahí. 


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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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