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El eslabón perdido...

César Farías / EFE

César Farías / EFE

¿Hay algo, además de que muchos de los jugadores anden en desbandada en procura de sus pagos, de lo que se pueda estar seguro en el fútbol venezolano? ¿Hay, como que el cielo suele ser azul y la Tierra da vueltas alrededor del sol, alguna certeza en el fútbol de cada día? Este prólogo lo escribimos pensando en lo que habrá de venir después del viernes próximo, día 11 de octubre, cuando el sueño termine y deje su lugar a un nuevo sueño. Y lo escribimos pensando en la gente, en aquella inquietud de amantes escondidos en que se ha convertido la designación del nuevo técnico de la selección Vinotinto. ¿Tiene La Federación Venezolana el nombre del hombre? Rafael Esquivel, presidente federativo, ha dicho que César Farías seguirá siendo su "salvador de la patria"; de que en la voluntad del técnico actual está el provenir, y que todo dependerá de si el cumanés tiene cerrados los pernos de su equipaje para ir a un equipo del exterior. Sin embargo, habría que hacer un inventario: ¿quiere la gente la continuidad de Farías? Puede ser, cómo no, que la Federación esté, como los políticos, soltando las amarras de ese anzuelo para ver quién muerde, y tenga allá dentro, en lo más recóndito de su maletín, una propuesta diferente.

Los teléfonos están desocupados y alguno tendrá que sonar. Pero, ¿cuál? ¿El de Noel Sanvicente, Eduardo Saragó, Carlos Maldonado? Los aficionados razonan así: "Si a Pastor Maldonado le han dado millones de dólares para disputar carreras en la Fórmula 1, ¿por qué no pueden contratar a un técnico extranjero, alguien como Marcelo Bielsa?". No es solamente una montaña de dinero lo que podría convencer a un tipo como el argentino; hay otros factores, más vinculados a la ética de vida y profesional, que salen al paso a esta ilusión. Bielsa no arriesgaría los laureles ganados con la selección albiceleste y la roja chilena, para andarse por aquí, corriendo riesgos y más riesgos. No, los focos de la Federación están dirigidos hacia otros confines. En el fútbol, como en la vida misma, hay presentimientos y azares, y en este momento, mirando en retrospectiva y prospectiva, dando los giros no de La vuelta al mundo en 80 días , sino La vuelta al día en 80 mundos , como escribiera alguna vez Jorge Cortázar, todos los caminos conducen hacia Puerto Ordaz. Por allá, en los sofocos del calor y la desesperación de la humedad, está Richard Páez.

Ese teléfono sonará, si no ha sonado ya, para venir a terminar lo que él mismo empezó. ¿Será Páez el eslabón perdido, el pie grande de las montañas de Seattle? Pero, un momento. Estamos sacando cuentas, viendo cuánto oro ha quedado en la bandeja después de la extracción, y no hemos dirigido una mirada hacia el que sigue siendo dueño del metal dorado. No sabemos si Farías maneja opciones, si tiene propuestas de Colombia, Perú, Chile o España; pero hoy, cuando se podría pensar que está en una posición débil, es al contrario. Está fuerte, protegido por la trinchera de los resultados, aunque no de exigir, porque todas sus solicitudes han sido complacidas. El porvenir inmediato va a hablar claro, en este asunto y en unos cuantos más, principalmente en el hecho de formar una selección verdaderamente genuina, con jugadores cuyas nacionalidades no estén en entredicho; guerreros que hayan ido al campo con al venezolanidad como estandarte. Faltan solo seis días que no pondrán en juego en futuro de la humanidad, pero sí al fútbol de este país. Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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