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"Lo bello no es..."

En medio de la diatriba y la crispación, metiendo su cuerpo entre constituciones y leyes, a un costado de guerras y enfrentamientos, haciendo una gambeta de inocente engaño a reglamentos y ordenanzas, el deporte es hoy, más que nunca en la historia humana, el bálsamo que alivia a la gente de tanto y tanto embrollo y la libra de los males de este mundo. Si se hace un inventario de las cosas por venir, pues se harán incontables los encuentros que a los venezolanos la maraña deportiva va a ofrendar: la final del beisbol profesional, la Serie del Caribe y el Clásico Mundial, los campos de entrenamiento y la temporada de grandes ligas, de nuevo el campeonato nacional.

El Suramericano y el Mundial Sub 20 de fútbol, La Copa Libertadores, el Torneo Clausura, los juegos decisivos de la Vinotinto hacia Brasil 2014, el Suramericano y el Mundial Sub 17, el Torneo Apertura. El campeonato de básquet, el Premundial en el Poliedro. Dios santo, cuántas y cuántas cosas, no se sabe para dónde mirar. No queda espacio para casi más nada, y ya quisiera la política, muchas veces un campo lleno de minas traicioneras, regar el corazón del ciudadano como lo harán toda esta confluencia de afluentes en el río madre del deporte. Y entonces, detrás de las esperanzas para un año 2013 fértil, y contradiciendo al poeta Rilke ("Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible"), esperamos que no se escondan detrás de la belleza de las victorias, el amargo aliento de las terribles y decepcionantes derrotas... Con Ladislao Mazurkiewitz nos quedó una deuda impagable.

En julio de 1995, bajo el frío quemante de Montevideo, supimos de su presencia. Trabaja en una rotisería, especie de panadería y venta de delicatesses a la uruguaya, y allá fuimos, en una noche invernal de seis grados bajo cero, con la intención de conversar con él. Para que nos hablara de sus gestas bajo el arco de la celeste, de los mundiales de Inglaterra 1966, de México 1970 y Alemania 1974, para que nos rociara de toda esa nostalgia por los años de gloria vividos en sus jornadas de esplendor. No lo conseguimos ese día en Pocitos, frente al estuario donde se unen el Río de la Plata y el océano Atlántico, porque ese día no había ido al trabajo, y ya no hubo otra oportunidad.

Se jugaba la Copa América, y el caos de los viajes continuos, el fragor propio del torneo, nos apartaron del arquerazo, tal vez el mejor que haya visto el fútbol. Murió el dos de enero, y sentimos en el alma el golpe de su adiós porque se ha ido un grande, y porque la deuda de la tertulia se nos ha quedado en el desván de lo pendiente. Pendiente por siempre, Ladislao... Un café con César Luis Menotti, una noche de música e ideas con Joan Manuel Serrat, una conversación con Rubén Blades, una velada de cuentacuentos con Ibsen Martínez, una jornada de guitarras y canciones con Silvio Rodríguez, una tertulia de cine con Marcel Rasquin, un recital de poemas con Alberto Cortez, un canto de ciudad con Yordano, un hablar de teatro con Franklin Virguez y Armando Carías (no nombramos el afán por Gabriel García Márquez para no hablar de cosas inalcanzables). Este inventario de ilusiones y afectos podría resumir nuestros deseos para este 2013, nuestra fe en las cosas de la vida, aquellas que amamos y en las que creemos, porque esa es la gente que vive en nuestros sueños cotidianos. Ah, y como diría un chileno, "y el fútbol, por supuesto". Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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