• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

El baile de la victoria

Le sigue Chile que se ubica en el puesto 28 | Foto: Chile.org

Chile | Foto: Chile.org

Hace algún tiempo, oímos decir a un chileno de vieja guardia que hoy Santiago no era el mismo de sus días juveniles.

Que todo había cambiado, y que la diferencia más notable estaba "en el diario vivir", como decía con nostalgia andina aquel técnico de fútbol. Seguramente estaba recordando el escenario zozobrante de Antonio Skármeta en la novela El baile de la victoria , días en los que Chile, adormecido por tantos años de fusil y represiones, se desperezaba con las certezas y las dudas de Victoria, Ángel y Vergara Grey, personajes simbólicos y "robinhoodescos" del magnífico relato. Todo era viejo y todo era nuevo, sentimientos de ayer con sentimientos de hoy. "La vieja política fue arrastrada por las aguas de este Chile de ahora", nos decía un pintor, de sólida formación política, mientras perfilaba un lienzo un domingo en la mañana en la Plaza de Armas de aquella ciudad rodeada por "símbolos de invierno".

Aquel Santiago en el que antes, carabineros de fierro no respondían a las preguntas cuando estabas perdido en los laberintos peatonales del centro de la ciudad, y este Santiago en el que simpáticos hombres de verde están dispuestos gentilmente a llevarte a tu destino...

Ese Santiago de tiempos recientes es el que han conseguido los venezolanos que emprendieron la expedición al sur, esperanzados en una gesta vinotinto, como el Gran Golpe de Ángel y Vergara Grey, como el baile angelical y de levitación de Victoria, como la prosa inquietante y hermosa de Antonio Skármeta. ¿Qué habrá pasado en el Estadio Nacional? ¿Qué extraño sortilegio habrá caído, en la noche gélida del invierno chileno, sobre los actores? Tal vez nos cuesta imaginar, por falta de tradición, cómo son las cosas en el país austral cada vez que juega "La Roja", pasión nacional. Hay movimientos de gentes inusuales, personas con urgencias por Teatinos, Moneda, por La Alameda y Providencia, por el río Mapocho y Bella Vista, y por las cercanías de La Chascona, la casa de Pablo Neruda por donde en días así no se ve ni una sombra fugaz. Durante las horas del partido nadie cree en poesía, en un país donde hay poetas en cada esquina; todos tienen en el fútbol una fe de liturgia, una creencia inquebrantable, un amor de muy adentro. Exultantes, creídos, mirando con fe hacia el infinito inabarcable, los chilenos aguardaban el pito final para desatar la furia de un jolgorio como tal vez se ve en Santiago desde los días aquellos de 1991, cuando Colo-Colo conquistó la Copa Libertadores... Después de todo, la Vinotinto conserva aún sueños clasificatorios. Con selecciones hambrientas de puntos, el equipo nacional se lo juega todo a vencer a Perú el martes y a Paraguay en su última fecha; todavía quedará una jornada en la que Venezuela no aparecerá, y ahí estarán, acechantes como la tentación, los enemigos: uruguayos y peruanos, urgidos de logros, podrán en partidos de locales (Uruguay contra Argentina, Perú ante Bolivia) conseguir el eslabón perdido.

Los venezolanos tal vez tengan que depender de lo que otros hagan, combinaciones de resultados y todo eso, o tal vez en el mapa de su geografía esté marcada una clasificación por caminos directos.

Será en octubre, en fin, cuando el teatro se quede vacío, pero nadie podrá negar, amigos y adversarios de César Farías, que nunca el equipo de este país había levantado tantos huracanes y acunado en el alma popular tamañas ilusiones. ¿Quién habrá sido anoche el dancing del Baile de la Victoria? Nos vemos por ahí.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

Histórico