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Un aviso mundialista

Las premoniciones rondan en el cosmos del fútbol. Van y vienen, como el péndulo de la balanza, hasta que, extenuado y en busca de la verdad, el artilugio se detiene en un punto de la geografía. El martes, en la adorable Munich, el péndulo marcó un punto que puede ser exacto: Cristiano Ronaldo. Este jugador, una tromba desatada, un torbellino de siete vientos de furor, un tsunami portugués, le dijo al mundo que en menos de dos meses, en Brasil, va a mandar a quitar del medio todo obstáculo posible, porque a su paso por las canchas no va a haber fuerza humana que lo detenga. ¿Estamos exagerando? Está por verse, sí, pero este muchacho de Madeira, con aspavientos que gustan y disgustan, es en el momento actual el futbolista más temible del mundo, el factor más desequilibrante, y el dueño de la pelota. En fin, es un llamado de atención, un aviso mundialista que puede llevar as Portugal hasta lugares insospechados, así su primer choque sea, nada menos y por azares, que ante la Alemania de tantos y tanos jugadores del Bayern Munich…

 

El Real Madrid expuso ante el Bayern Munich una versión del fútbol absolutamente válida, porque jugó a la simpleza y a los fundamentos originales: cuando se tiene la bola, todos van; cuando se pierde, todos vienen. Y en el ataque, la maniobra para que te sobre uno, que es el que va a hacer daño. Lo demás, sobra. Tantas y tantas teorías de los técnicos, alimentados por los medios de comunicación social, principalmente la televisión, parecen estar demás. El fútbol no es una ciencia, como lo han querido hacer ver; es solo un juego, y como un juego hay que jugarlo. ¿Y el Atlético de Madrid? Este apeló a la otra versión, que en el fondo es la misma, con su fútbol valiente, decidido, procaz, primitivo pero eficiente. El fútbol es eso: buscar los partidos con lo que se tiene y mostrar su verdad, creyendo, metiendo, porque no es una actividad humana de precisiones, sino de determinaciones. Así, pues, que la final de Lisboa el próximo 24 va a ser un partido para disfrutar la victoria del fútbol por el fútbol mismo…

 

Con el Mundial en la línea del horizonte, cada vez más encima de todos, comienza a flotar encima de las cabezas, como una nube que amenaza con desatar un temporal bíblico, esta pregunta: “¿Quién va a ganar el Mundial?”.  Y nos vemos en la urgencia, como si fuera una obligación impostergable, a dar una respuesta. Vueltas para acá, vueltas para allá. Y ahora ¿qué hacemos? ¿Decimos lo que pensamos, exponemos  nuestros lógicos puntos de vista, tratamos de complacer, así sea a medias, al interlocutor, o nos dejamos llevar por la intuición? Día que pasa, día que todo se enreda. Las cosas se van tornando indescifrables, y “el temporal bíblico” sigue rondando nuestro rompecabezas misterioso. El Mundial siempre lo ganan los mismos, eso se sabe, pero ni siquiera así hay “una claridad que nos alumbra”, como dijo alguna vez Mario Benedetti. En Brasil van a pesar factores impensados, tropas de asalto, como el efecto frío-calor del invierno austral. Veamos: esperan en Río de Janeiro temperaturas que pueden bajar a 12 grados centígrados, a la vez que en Manaus el mercurio puede subir hasta 40. ¿Imaginan, por ejemplo, a Inglaterra enfrentando a  Italia en esta ciudad de calor abrasante, para luego ir a Sao Paulo, que estará como Río por debajo de 15, y después retroceder en el mapa hasta Belo Horizonte? Por eso, entre tantas otras cosas, pronosticar el resultado final es una maraña, una turbulencia, la confusión de las confusiones, así en algún momento tengamos que darlo. Dios nos agarre confesados. Nos vemos por ahí.

 

 

 

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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