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Viaje al sur

El equipo oriental afrontará la Copa Sudamericana en tres semanas | FOTO AVS Photo Report / Archivo

El equipo oriental afrontará la Copa Sudamericana en tres semanas | FOTO AVS Photo Report / Archivo

Un viaje por Suramérica suele ser una travesía larga y feliz, de muchas delicias y candores.

Por eso la Copa Sudamericana, en el ideario, es todo un detalle. Solo que, en el fondo, es una imitación de la UEFA, aquel torneo europeo en el que compiten los equipos que no han podido ganar en sus torneos nacionales. Del tercero para abajo, del cuarto para abajo, y así. Vemos equipos que conocemos poco, porque no tienen nombradía internacional, un dato comunicacional que se repite por estos lados. Las distancias, los viajes eternos, ese cielo allá arriba, todo eso atenta contra el torneo de esta región.

Estadios vacíos es la referencia; hemos visto esta semana gradas desoladas, en varias ciudades, incluyendo, cómo no, a Barquisimeto. La Copa Sudamericana no es la UEFA, porque en Europa los países son pequeños, las distancias cortas, los sistemas de trenes y comunicaciones maravillosos, el nivel de vida muy alto. Una cosa es la imitación y otra la emulación, y por tal razón la Sudamericana debe ser revisada o su corta vida tendrá fin en pocos días. En una época fracasó la Merconorte, la Mercosur y todos los inventos que por aquí se hacían, hasta que llegó la Sudamericana con malos augurios. Ha sobrevivido, sí, con cierto entusiasmo inicial de la gente, pero ya comienza a perder apegos. La gente sabe que es para equipos caídos, segundones, y no para campeones.

Una cosa es la Libertadores y otra la Sudamericana.

¿Qué hacer? Jugarla es muy costosa por las distancias y las condiciones, y de aquel respaldo popular de los comienzos solo quedan los recuerdos.

Tal vez, la solución podría estar en una ampliación de la Libertadores, en abrir el abanico de las oportunidades. La aceptación de cuatro cinco equipos por país traería frescura al torneo, y con la ampliación natural del calendario se supliría con creces a la Sudamericana. Claro que cambiaría la concepción original, en el sentido de que inicialmente era solo para los campeones, después ampliada para los vice, pero para estos países, exceptuando a Brasil y Argentina (que compiten con cinco y hasta con seis), sería un alivio y un real estímulo competitivo: Bolivia, Paraguay, Perú, Colombia, y obviamente Venezuela, serían verdaderamente felices ante tal iniciativa.

Seguramente detrás de todo esto lo que hay es un afán de lucro, de no quedarse a la zaga porque los patrocinantes deliran por estar en las copas, pero ellos también se cansan. Muchas veces se ha hablado de incluir a Norte, Centroamérica y el Caribe, pero México, con su poder, sus cementeras y sus canales de televisión dueños del fútbol azteca, salen al paso porque aquel es su dominio casi absoluto. El afán de incorporarlos sigue siendo una utopía, y la utopía, como utopía que es, es siempre una utopía.

Hoy y mañana se prende la hoguera del campeonato de fútbol profesional. No hay novedades, sino "seguir y seguir la huella", como dice la letra de aquella vieja y hermosa canción argentina (Los ejes de mi carreta). Algunos jugadores han migrado de aquí para allá y de allá para acá, pero no hay estridencia ni demasiado ruido en los cambios, porque la gente sigue viendo las cosas como lo mismo, lo mismo de siempre.

En el fútbol nacional no hay hombres que puedan alterar sustancialmente la realidad, modificar el devenir de Apertura y Clausura, y aquellos equipos que trabajen con seriedad y en bloque, siempre tendrán opciones. Así las cosas, nos encontramos el domingo en el Estadio Olímpico. Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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