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Sanvicente en el cruce de caminos

A Noel Sanvicente lo conocimos una tarde de abril, en pleno 1986, cuando vino a Caracas con el Mineros de Guayana. El equipo de Puerto Ordaz enfrentaba entonces al Marítimo, el “Acorazado Rojiverde” que dejó tantos y tan marcados surcos en el fútbol venezolano, y el jugador era entonces un joven en la inquietud adolescente de los 21 años de edad. De él se decía que había que estar pendientes, porque era el número 10 con el que tanto había soñado el fútbol venezolano; llamaba la atención por su juego depurado y claro, pretencioso y de fina estampa. Y en lo personal, por su carácter dulce, aquella sonrisa de dientes blanquísimos que lo distinguían del habitual rostro de preocupación de los futbolistas ante de los partidos. Por aquellos días la gente del Marítimo colocó su mirada en el mulato, y lo contrató para vivir inolvidables campañas con su camiseta. Campeonatos nacionales y copas Libertadores fueron parte de su andadura, completada con premundiales y copas América con la selección Vinotinto. Consolidado en su fútbol, siguió con Minerven y terminó su campaña con el Caracas, ya como defensa central, y comenzó a echar ojo hacia la dirección técnica…

Jugaba beisbol y era campocorto. Estuvo a un tris de ser firmado por un equipo profesional (el recuerdo, a veces traicionero, nos dice que fueron los Tiburones de La Guaira), pero no sabemos por qué lejanas e insondables  razones decidió seguir en el fútbol, en aquellos días cuando el fútbol no era rentable para los jugadores. Y no había sospechas de que en pocos años se iba a convertir en el técnico más exitoso en el historial nacional. Cinco títulos con el Caracas, unos cuartos de final (2009) de la Copa Libertadores; un título con el Zamora, y andando en serio hacia una segunda conquista. En las carreras de la vida siempre falta algo, excepto cuando llega la hora de recoger balones e irse al camerino. Lo decía Mario Benedetti en su poema “Curriculum”: “Y cuando nada falta,  entonces usted muere”. ¿Qué le falta a Noel “Chita” Sanvicente para ser técnico de  la selección Vinotinto? ¿Qué tendrá que hacer para que admitan, quien tenga que admitir, que es el único camino a la mano para resolver tan enojoso asunto? Esto no será un cataclismo de consecuencias insospechadas, pero sí una piedra en el zapato para mucha gente. A comienzos de los años dos mil, la federación desesperaba por conseguir un conductor del equipo. No querían a Richard Páez por su rectitud, por su estatura intelectual, por ser crítico de la forma como se hacían las cosas. Hasta que la evidencia fue irrebatible y hubo que designarlo como el hombre para el seleccionado. Ahora pasa con Sanvicente: él está parado en el cruce de caminos por donde tiene que pasar todos. Y ahí, donde hay que mirarse a las caras, hay un Sanvicente estirando sus brazos y pidiendo la llave…

Diplomado

Esta semana terminó el IV Diplomado Internacional en Gerencia Deportiva, patrocinado por la Universidad Metropolitana, la FIFA y el Petare. Fue una experiencia invalorable, para los estudiantes y para quien escribe, a quien le correspondió, como en los años anteriores, impartir la materia Comunicaciones en las aulas universitarias. En el curso tuvimos la fortuna de compartir con gente del fútbol, como Rafael Mea Vitali, jugador del Metropolitanos de segunda división y defensor de la Vinotinto durante un período; con Ceferino Bencomo, actual técnico de la selección nacional Sub 17; y con  directivos del Petare. Para todos lo que coincidimos en el aula, y para Rafael Espinoza, coordinador universitario del Diplomado, nuestro abrazo entrañable. Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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