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La Pandilla ataca de nuevo

Lo imposible, una película hermosa y desgarradora, ofrece la metáfora de que en la vida no hay nada perdido, nada más allá de este mundo. Parece exagerada la comparación, pero realmente para el Mineros de Guayana que vimos en Caracas el sábado pasado, nada parece ser "imposible". Puede ser una alucinación de primer golpe de vista, un relámpago de aquel instante, una linterna en las oscuridades, pero al equipo que dirige Richard Páez poco le faltó para ser un asombro; bueno, un "asombro" en los términos del fútbol nacional. "La Pandilla del Sur" pareció ser de otro fútbol, y no tenemos la absoluta certeza porque la rueda apenas acaba de dar su primera vuelta, pero nos dio altas sensaciones.

Esta jornada inicial, que como todas promete más que un político en plena campaña, habló claro de una buena vez: los grandes van a volver a ser los grandes, y no va a haber pequeño que tenga la osadía de competir. Caracas y Táchira huelen bien, y sus empates como forasteros sirvieron, no solo para hacer valer los sueños iniciáticos de Zamora y Llaneros, sino para confirmar que, cuando esas musculaturas cedan, cuando vuelvan al punto certero después de las rudas pretemporadas, son los únicos que podrán detener la loca carrera de Mineros hacía el título del Torneo Clausura... Aún se oyen ecos de lo sucedido con la selección Sub 20, incapaz de clasificar a la segunda ronda de partidos en el Suramericano, y mucho menos conseguir lo necesario para ir al Mundial. De un tiempo a esta parte, desde los días mágicos de Richard Páez a los pragmáticos y de buenos augurios de César Farías, los equipos Vinotinto tienen como un aura, como una protección que les da el ángel de la invencibilidad.

Entonces, cada vez que alguna va a un torneo internacional, en cualquier categoría, por estos lados se echan esperanzas al vuelo. Con la Sub 20 actual se creó una expectativa, verdad a medias, falsa a medias, que era una de esa "generaciones doradas" porque había cuatro muchachos que jugaban en Europa. En Europa hay muchas formas de jugar, y si andar por aquel lado del mar es provechoso, porque se experimenta y se adquiere temple y carácter, también es cierto que ver los partidos domingo a domingo y aburrimiento tras aburrimiento desde la frialdad del banco, es desesperante. En ellos se confió, pensando unilateralmente, y sin echar a un vistazo a lo que los otros llevaban. Jugadores en Europa hay muchos, con buenas clasificaciones, porque en otras latitudes también se trabaja.

Los venezolanos se alistaron como tenía que ser, y llegaron hasta donde podían llegar, hasta donde sus fuerzas y capacidad le dictaron. Entonces, la gente denigra, se despecha, se desilusiona. Hay que reflexionar sobre este asunto, y solo esperar lo que el buen juicio imponga en el reino de la verdad. El día que se espere menos, ese día, tal vez, se dará el gran golpe... Corrección: en la columna de la semana pasada, decía: "... con Guardiola será diferente, porque él no tiene las difícil virtud de conjugar poesía con eficiencia, juglaresca con carácter firme". Debió decir: "... con Guardiola será diferente, porque el noi tiene la difícil virtud de conjugar poesía con eficiencia, juglaresca con carácter firme". Cambiar noi (niño, muchacho en catalán) por no, modificó el sentido de lo que quisimos decir, que era exactamente lo contrario: claro que el teórico tiene esa capacidad. Pero, son cosas que pasan en la transmisión entre computadoras, detalles de la informática, la vida te hace bromas. Nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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