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Mirar afuera, mirar adentro

Los muchachos de casa, los parroquianos de las esquinas del barrio, los hijos pródigos, las familias, ¿dónde están? ¿Qué se habrá hecho toda esa gente que se supone debería ser incondicional, habitués de cada jornada en los estadios del fútbol nacional? La televisión, que unas veces sirve para engañar y otras para desnudar, le quitó la ropa al espectáculo futbolero en la ronda de partidos del pasado domingo. Teníamos esperanzas de ver los graderíos del estadio José Antonio Anzoátegui llenos de colores, pues el partido, AnzoáteguiMineros, prometía una tarde sin igual. No obstante, la desolación del cemento terminó por ser un desencanto mayor, una desilusión de amores contrariados, porque la afición no acudió al llamado. ¿Qué pasó? ¿Acaso llegaron tres o cuatro mil vecinos? Por aquellos minutos, en el estadio Olímpico, el Caracas, acostumbrado a desparramar su juego ante multitudes, debió conformarse con poco más de cinco mil almas ante el Yaracuyanos. Y por ahí van las cosas. ¿Por qué el fútbol venezolano no cautiva, por qué no seduce, cuál es la razón de que no encante? Un torneo y luego otro, y todos aquellos que tienen que ver con su organización no dan con su piedra filosofal, con su vellocino de oro....

Entonces, una cosa es la Vinotinto como representación genuina de un sentimiento, y otra, la ruda realidad de cada fin de semana.

Durante un tiempo pensábamos que la selección lo bañaba todo, libraba por los demás, pero ya vemos que no es así. Tal vez una clasificación al Mundial Brasil 2014 despierte nuevos sentimientos, tal vez, y un amanecer iluminado sea el nuevo panorama. Entretanto, la gente opina, y se dice que la falta de atractivos en los estadios, como bares, restaurantes, museos, además de la tensa situación económica del país, esa plata que no alcanza, esa inseguridad que nos agobia, son razones de peso pesado. En el pasado Apertura la asistencia a las canchas no llegó a 600.000 aficionados, y en este Clausura promete ser aún menor. En el basquet, por ejemplo, pasa lo mismo, y vimos el día martes de este semana en el Naciones Unidas, un derbi caraqueño CocodrilosPanteras con gradas semi vacías. Solo el beisbol está robusto, pues en la temporada que finalizó en enero, desbordó todas sus marcas de asistencia. El fútbol, pues, tiene que revisarse, y tenemos la certeza de que la insistencia de jugar campeonatos con 18 equipos, con la calidad esparcida inconvenientemente, golpea (en Portugal, esta semana se negó la ampliación de 16 a 18 equipos). Es un clamor de muchos, pero ya sabemos que allá adentro, donde se cuecen las habas, hablan otras voces y se complacen las peticiones detrás del escenario...

Alexis González Mariche fue una suerte de conciencia de la redacción deportiva de El Nacional. A él nos acercó el boxeo, porque cuando llegamos al diario, en 1984, fue nuestro tutor por todo lo que Alexis conocía de esa fuente noticiosa, que por entonces cubríamos. Y decimos conciencia porque llamaba la atención a lo que, según sus criterios, se apartaba de la ética periodística; cualquier gazapo era advertido, y corregido por él. Fueron buenos tiempos, con los panas Jesús Cova, Cándido Pérez, Johnny Villarroel, Humberto Acosta, Nelson Morante, Armando Naranjo, Rafael Ruggeri, Nelson Rodríguez, Rodolfo José Mauriello, Michel Segovia y José Luis Peña, compañeros de travesía. Las cosas de la vida comienzan y terminan, no hay forma de revivirlas como no sea en el recuerdo imborrable de los grandes días. Alexis, nos vemos por ahí.

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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