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Libertadores, una obra inconclusa

Caracas FC

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¿Qué misterios insondables, qué preguntas sin respuestas, qué asuntos oscuros e inescrutables tendrá el fútbol? ¿Quién puede entender que un equipo que días atrás venció inobjetablemente al Gremio de Porto Alegre, y que también había ido a Chile y por allá, por tierras australes, había vencido sin atenuantes nada menos que al campeón de su país, se derrumbara sin explicaciones aparentes? ¿Qué pasó, por cuáles subterfugios y entresijos se perdieron las virtudes de aquellas cercanas y grandes jornadas? Estas interrogantes tienen que haber dado vueltas y más vueltas en las cabezas de los jugadores y del cuerpo técnico, porque desde una perspectiva lógica, no hay razones ni verdades de las qué aferrarse para descifrar este enigma. Un enigma que solo puede atribuirse al eufemístico "fue un mal día", y continuar la marcha hacia mejores destinos. ¿Cuál es el verdadero Caracas, el de los momentos felices de las conquistas frente a brasileños y andinos, o el del miércoles en la infortunada noche del estadio Olímpico?... 

Así las cosas, el sueño de la Copa Libertadores parece una obra inconclusa. Las sonrisas de la llegada, los arriba corazones del camerino a las seis de la tarde, se trocaron en dudas y duros presagios. La aventura a Río de Janeiro para enfrentar a Fluminense, se vuelve ahora una tarea urgente, sin aplazamientos. Es tiempo de mirarse a las caras y decir cuál es el árbol de donde sale la madera fina. Esta Libertadores animó hasta a los poco creyentes, a los "ateos futbolísticos" después de los logros iniciales de Caracas y Lara. Ahora sí, se dijo, ya es tiempo de acabar con el maleficio que data de 2009; ha llegado el momento de clasificar a octavos de final, y por ello, de "creer en el dios de fútbol", pero ahora, como en el tango aquel, "siento que mi fe se tambalea". Son muchas las cosas por arreglar, principalmente en los desentendimientos en la zaga central; y Edgar Jiménez, jefe del mediocampo, tener más osadía en relación al ataque, ir más; ser, de alguna manera, el salvador de la patria. No estamos haciendo recomendaciones técnicas, sino que las cosas obvias, obvias son...¿Hacia dónde va el Petare?, se pregunta la gente y nos preguntamos nosotros. Y no estamos hablando pragmáticamente solo de resultados, porque eso es evidente; la inquietud llega también por las oportunidades perdidas de una entidad que de llevar 1.500 o 2.000 aficionados al estadio Olímpico, ha bajado apenas a unos 500, por ahí. 

Con el equipo que dirige Miguel Acosta podría darse un proyecto comunitario del sector más densamente poblado de toda la gran Caracas, que se ha desperdiciado por, tal vez, falta de visión. Claro que el exitismo tiene que estar, y este no vive en su camerino: el Petare marcha (hasta antes de la jornada última), con 11 puntos, en el puesto 14 del Torneo Clausura, un lugar que, obviamente, no se merece. Hemos visto al Petare, que ha prescindido casi absolutamente de jugadores jóvenes y de valor como Alejandro Valdeperas, Francisco Aristeguieta y Jesús "Piojo" Quintero, y se ha empeñado en jugar a la deconstrucción, esto es, sin el traslado de la pelota con los mediocampistas. Y le gusta la táctica de balón detenido, una concepción del juego que no funciona a plenitud cuando se tiene, en mayoría, jugadores de poca altura. ¿Hacia dónde va el Petare?, volvemos a preguntarnos con tono de preocupación. La pregunta, por ahora, carece de respuestas. Nos vemos por ahí. 

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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