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Fútbol de papel

El papel nos trajo la fresca noticia del viaje de Salomón Rondón, desde el Rubin Kazan al Zenit de San Petersburgo. Estar ahí, en la casa de Daniel Alves, caraqueño de Portugal, es estar parado en los portales de lo que podría ser en su momento, una gran novedad para el fútbol venezolano: “Rondón contratado por un equipo aristocrático de Europa”. El buen decir internacional llegará entonces en papeles luminosos de agencias noticiosas, y el país celebrará, con júbilo de ferias, que al fin un venezolano está en la creme del fútbol universal. Que se acaba de convertir en el primero en llegar, en el pionero de los pioneros, y que tal vez su luz, su sonrisa de boca ancha, llegará en fotos brillantes, fotos de papel, fotos que solo el papel puede llevar por el mundo con toda su esplendidez, y que comenzarán a dar a conocer a Venezuela  como país de fútbol. Ahí, en las fotos de papel, junto a Miguel Cabrera, Félix Hernández, Johan Santana, Rubén Limardo, Antonio Díaz, todos esos tipos que se han encargado de demostrar que el deporte, más que una actividad de recreación, es un actor fundamental de la sociedad actual…

 

El metro es un escenario único para darnos cuenta de lo importante que es para el hombre común, el trabajador de cada día a las cinco y media  de la mañana, tener un diario en las manos. No es internet, no es twitter, no es Facebook. Es periódico, papel de periódico, es Meridiano, es El Propio, es Líder, es Primera Hora, es Últimas Noticias, es Vea, es el Correo del Caroní, es El Universal, es El Nacional. “¿Quién ganó anoche entre Magallanes y Caracas?”, pregunta un desavisado, abigarrado entre la gente que transita en los vagones de metal. El que lleva el diario tiene un poder, porque en ese momento es dueño de  la información, y agradece a la vida que le haya puesto ahí, en el metro y cuando aún el sol no ha rasgado las cortinas de la nocturnidad, con aquel bendito papel que le dice, cada mañana, quién ganó en el beisbol, y que Salomón Rondón está ahora en un equipo muy importante del futbol ruso. ¿Cómo renunciar al sortilegio de los días, cómo será la vida sin deporte, sin papel y sin la magia de los dos? ¿Cómo sería ese cataclismo de desinformación?…

 

El destino de Juan Arango es un enigma. El flaco de pura y dura fibra va a terminar su actuación en Alemania en tres meses, y como no va a haber renovación, levanta la cabeza y mira hacia el horizonte, no “a ver si vienen tiempos mejores”, como dijo un poeta, sino a otear la mejor oportunidad posible. ¿Emiratos Árabes, Turquía, Grecia, Japón, China? No, Estados Unidos. A esta hora del día, cuando cae la noche de su vida en las canchas, “el ciclón del Caribe” está tentado a ir a un fútbol bueno para él, a sacar provecho del nombre, y ese es el de United States. Dice la canción venezolana que “el norte es una quimera”, pero no para Juan Arango.  Ahí, en el “soccer”, puede abrirse paso, porque no se juega en los ritmos de Alemania o Inglaterra, y esa pausa es la que a él le conviene. Llegará con ese status que no va a tener en ningún otro lado, con todo ese charm de los jugadores de nombre, como atracción para aficionados y medios de comunicación. El fútbol de allá arriba crece, y las muchedumbres que asisten a los cómodos estadios aumenta con los años. Nueva York sería un destino soñado, decimos, pero conociendo al hombre, suponemos que él, en su forma de ser, en su habitual timidez, preferiría una ciudad sin tanto humo y tanto neón.  Y, con esperanzas de papel, nos vemos por ahí.

crisluisguerra@yahoo.com

Twitter: @camisetadiez

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Sobre el autor

Cristóbal Guerra

Periodista. Comentarista deportivo. Locutor. Profesor de Periodismo.

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