• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Ni muy muy ni tan tan

Llega un momento en la vida, en el que muchos de  nosotros, dejamos atrás la candidez de aguantarnos comportamientos hostiles de los más allegados, cuando nos doblegamos por tratar siempre de ser llevaderos y tolerantes.

Gracias al cúmulo de años, que además de formarnos como individuos maduros, también nos proveen de experiencia y aprendizaje, es que aquel instante en el que nos damos cuenta que ya es hora de no pasarle ni una a más nadie, es uno de los más gloriosos del ser humano.
De hecho es un momento histórico, en el que sentimos un desprendimiento absoluto de todo aquello que por circunstancias atemporales fuimos capaces de soportar en silencio, condenándonos injustamente si hacíamos un problema de algo baladí.

A ver si me explico.

Hace algunos años, éramos flexibles, o por lo menos más de lo que somos ahora. Aguantábamos como kórycos, (sacos rellenos de arena o tierra que se usaban para las actividades pugilísticas), los comentarios más impertinentes de las personas con las que lidiábamos, pues estábamos seguros que ser poco permeables era de gente "susceptible y cero easy going".

Algunas soportábamos  desplantes de las amigas con las que más interactuábamos, así como todo tipo de situaciones que nos minaban al punto de hacernos una pésima mala sangre.

Aquel discurso que continuamente teníamos alojado como un chip virtual en el hemisferio occipital del cerebro, que consistía en dejar pasar, hacerse el loco, no buscarle la quinta pata el gato, ser llevaderos y maleables, dio repentinamente un vuelco de 360 grados  acompañado de una voz de alerta, que nos martillaba constantemente que ya estaba bueno YA, de seguir siendo tan idiotas.

Y así fue, como más temprano que tarde, llegó el gran día en el que tuvimos que hacerle frente a quien nos ofendió "sin querer queriendo", o nos salió con algún comentario ponzoñoso, o en vez de quedarse callada (porque nadie le pidió su opinión), nos criticó el vestido que con orgullo lucíamos, arruinándonos el momento porque según ella "parecía el de la Cuatro".

En otro momento, nos hubiésemos silenciado "por no armar un espectáculo en vivo" y aunque bastante molestos, tragaríamos grueso para después rabiar a solas.

Sin embargo, a partir de ese día iluminado, (que llegó para quedarse), fue que nos dimos cuenta que aquel fenómeno de liberarnos, de romper con las cadenas que nos oprimen, hizo que ya no existiese bajo ninguna circunstancia, volver a dejar pasar nada de nadie, si aquella acción "insignificante" pudiese implicar molestia.

Y así fue como concluimos estoicamente, que mantenernos en nuestro papel de buenas personas, cordiales y polites, seguirá siendo nuestro norte en la vida, más allá de la edad, la poca paciencia que con los años pierde fuerza, y las ganas de preguntarle a esa persona por qué su afán en demeritar (sin S), todo lo que hacemos.

Porque resulta que ahora ese nuevo rasgo de nuestro carácter que antes permanecía inactivo y adormecido, de pronto se alborotó como una célula maligna, avisándonos a través de una metamorfosis somática y corporal, que si seguimos dejando pasar toda clase de atropellos, llegará el día en el que no nos respetaremos ni nosotros mismos, cosa que sería catastrófica.

Porque por más que no deseemos ser intransigentes, ni mucho menos desagradables, el hecho de aceptar todo lo que nos dicen y nos hacen, por un lado nos evitará salvarnos de "una cara larga con trifulca incluida con nuestra contraparte", pero por otro, nos hará parecer ante los ojos de esa persona y ante los propios nuestros, como unos fantoches sin personalidad lo que podría convertirse en nuestro peor rasgo.

Así es como puedo dar fé, de que la mayoría hemos llegado a un punto en la vida, (unos más temprano y otros más demorados), en que ya no le deberíamos dejar pasar nada a nadie, tan así, que hasta las más fútiles acciones, nos debieran hacer reaccionar, aún cuando a veces parezcamos estar fuera de foco.

Tolerantes sin  dejarnos aplastar.

Cordiales sin caer en lo empalagoso.

Serviciales sin llegar a ser serviles.

Transigentes, con un grado de intransigencia.

Y en definitiva con un sentido común tan desarrollado, que hasta para saber actuar con precisión, tengamos que valernos de las experiencias que son las únicas que pueden enseñarnos, hasta cuándo  podemos aguantar y hasta cuándo mandar a volar a quien consideremos necesario.
Nada, que ni muy muy, ni tan tan.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

Histórico