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Somos mujeres, no simios

Me encantan esas mujeres que se visten y se maquillan hasta para ir a comprar papas y zanahorias, -no al súper-, ahí es obvio que se van de punta en blanco "una siempre puede conseguirse a alguien y ya saben la máxima: antes muerta que sencilla". Me refiero hasta para bajar a la PB de su edificio, (que está el camión de verduras), no sea que justo coincida con algún vecino en el ascensor y la sorprenda disfrazada de Doña Florinda.

Aún cuando me maraville de verlas siempre tan bellas y elegantes, creo que pueden verse desfasadas para la hora del día en la que parecen salidas de la Red Carpet.

Sin embargo, lo cierto es que da gusto admirarlas por lo que no puedo dejar de felicitarlas ya que jamás pierden la coquetería y la femineidad, y eso, -en estos tiempos convulsos-, es una labor titánica.

Estas mujeres, saben de antemano que se visten bien, pero también saben que se visten de "seguridad, de charming y de una personalidad arrolladora".

Jamás las escucharemos decir "para qué me voy a estar maquillando y arreglando, si total tengo que estar cómoda para las mil diligencias que debo hacer". Y acaso para hacer las cosas de todos los días, tenemos que vernos como indigentes?

Esas son las clásicas excusas que me parecen irritables y que siempre tienen a pedir de boca aquellas que no hay manera de explicarles que esa camisita descolorida y lavada 500 veces, deberían cremarla o en su defecto, usarla como coleto.

Es que hay mujeres que parecen recién llegadas de un seminario de 5to año. Andan con un mono gastado -con peloticas que se han proliferado con el tiempo-, el que se ponen con un suéter de Mickey Mouse, que seguro compraron en un SALE. Y ellas SALEN y entran así vestidas, como si se la estuviesen comiendo. Eso no las detiene al momento de pavonearse con aquella pinta horrorosa "porque entro y salgo del carro mil veces y no existe que me apriete el bluejean, ni que los zarcillos y las pulseras me suenen más que un sonajero. El día que tenga una fiesta y entonces me arregle y me maquille, me voy a ver igualito que el resto de los días. No siempre puedo vestirme de revista".

Falsooooo. Si no son coquetas y se visten con lo primero que consiguen, por qué van a esmerarse cuando haya algo más relevante?

Me da risa lo de revista. Será de revista de Kordamodas.

¿Se acuerdan de esa tienda que quedaba en Sábana Grande, y que visitábamos en los años 80 con la mamá?

Aún cuando aceptemos que no siempre están los ánimos para estar de 1000 alfileres, y emperifolladas de pies a cabeza, no hay por qué verse tan desmejoradas.

Es lamentable que a muchas no les interese hacer un mínimo esfuerzo por combinarse, por deshacerse de todo ese vejestorio de trapos obsoletos  y gastados, pues para ellas, la comodidad estará por encima de todo, aún cuando puedan invertir en un clóset entero de prendas nuevas. Les encanta decir: "sólo me arreglo cuando lo ocasión lo amerita, de resto, soy mamá y esposa, no modelo de pasarela".

Toman lo primero que el armario les ofrece y si aquello les queda bien o no, si les combina o se ven peor que la Cuatro en Sábado Gigante, les da exactamente igual. Por qué? Cuál es el afán de querer verse como unas "huelepegas"? Sepan que hasta para vestir sencillo, lo podemos hacer con gracia, con estilo y con vanidad.

Que si están gorditas, o la estatura no las ayuda, pues con más razón deberían  esforzarse en verse atractivas.

Definitivamente no hay mujer fea, sino desmotivada y por ende mal arreglada.

Sólo puedo recomendarles que procuren -mujeres que me leen-, aunque suene frívolo y superficial, arreglarse, esmerarse por verse lindas, pero no por la gente, ni por el marido o los hijos, menos por las amigas cuaimas, sino por ustedes mismas.

En cuanto se vean en el espejo y éste les devuelva una imagen agradable, saldrán de su casa con el ego inflado, con el ánimo elevado y con una seguridad que las hará sentirse dueñas del camino que transiten.

No tiene nada que ver con ser espectaculares, tiene que ver con el mood para sentirse espectaculares.

Aún podemos hacerlo; los párpados se mantienen en su sitio, la piel del cutis todavía soporta maquillaje sin cuartearse, y los años todavía nos permiten arreglarnos, por lo que deberíamos aprovechar la semi-juventud de la que gozamos, así como la alegría de tener un nuevo día que descubrir.

Somos mujeres, no simios.

Tampoco quiero dar a entender que el vestirse bien, sea proporcional a la personalidad de cada quien, pero es increíble que cuando nos vemos "lindas" el optimismo está de nuestros lado y lo asumimos. Quizás es por la pinta, pero también es por nuestro comportamiento que exhala seguridad.

Tal cual una envoltura de chocolate. Agarramos de la caja, el que más nos llama la atención.

A vestirse, a maquillarse, a arreglarse y a enamorarnos cada día más de nosotras mismas.

Para finalizar, quería dedicar este blog a una muy buena amiga que cuando lo lea, sabrá de inmediato que es con ella. Impecable de pies a cabeza, en cualquier ámbito y a toda hora. Me encanta y es un ejemplo a seguir.

Verse bien, es sentirse bien, igual que la cuña de Mi Vaca la leche descremada.

Pero qué leche??? Si no hay...

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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