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Si yo manejo tú te callas

Si hay algo escalofriante y cero epicúreo en esta vida, es ser el piloto de un hombre.

Es decir, que sea una quien le maneje al marido en un momento específico de la vida, por una situación atemporal que no teníamos  contemplada, y que aquello nos obligue a ser su chofer, sin beneficios, y por el contrario con un montón de desventajas.

No empero una, sí deberá soportar en silencio la retahíla de malas caras y suspiros a destiempo, denotando con aquello cuán inconforme está él, con tu desempeño conyugal y "conductual".

Porque déjame aclararte "querida amiga virtual y homónima" que ese día "choferearle" al esposo, será un trabajo no agradecido y encima criticado  y vejado injustamente.

Si ya hay momentos que nos merman los sentidos y nos corroen el ánimo y nuestra buena disposición, éste sin duda es uno de ellos.

A estas alturas él no aguanta una de tus imprudencias al volante, -como él mismo las llama-, y así te lo enuncia con el más altivo de los tonos.

Jamás se hará el desentendido, como cuando eran novios y estaba en plena conquista, dejándote pasar lo que él considera "digno de una multa", por lo que te tendrá al acecho ante cualquier movimiento que hagas y que abarcan las acciones más elementales como doblar, frenar, cambiar las velocidades e incluso que no estés muy pendiente de los retrovisores. Porque según "Ayrton Senna", el hecho de que no controles con certeza y absoluto dominio, las direcciones o los atajos que él siempre ha tomado -y que deberías conocer como la palma de tu mano-, serán  el resultado "de tu despiste irrefrenable, que no te permite captar cómo se llega a los lugares que más frecuentamos y que deberíasconocer de memoria".

Pareciera que todo lo que una hace "frente al volante" es usado en tu contra.

Si medio aceleras cuando deberías frenar, -porque justo hay un policía acostado que no viste-, o si caíste en un hueco sin darte cuenta (este es el más condenable), o si de manera disimulada lees un mensajito en el celu -ó en el peor de los escenarios-, comienzas a responderlo (en una cola o en el semáforo), ese hombre hará de aquello una barahúnda de dimensiones desconocidas y creerás por un minuto que se desdobló en algún agrio personaje como los interpretados por Jim Carrey en la película "El Grinch" ó Scrooge en "Christmas Carol", pues ten por seguro que te amargará el resto del camino de manera irremediable.

Y es que la forma de recriminarte "porque no estás pendiente ni concentrada en la vía", te parecerá tan desfasada, que finalmente decidirás no pasarle una más, por lo que te atreverás a tomar una decisión escalofriante, que lo dejará perplejo y sin entender ni jota.

Una vez que caigas en cuenta de que tu umbral de paciencia y de tolerancia es finito y se está copando, decidirás bajar la velocidad, ladearte donde puedas, (a pesar del rictus de él) y apagar el carro, para darle a tu copiloto, una lista muy bien estructurada que deberá acatar de ahora en adelante, hasta que lleguen al destino, si todavía quiere que le hagas el favor de seguirle manejando.

Porque de lo contrario, no te moverás de ahí, aunque esté oscureciendo y él te diga que "dejes la tontería porque tus ridiculeces me vuelven loco".

Buscarás por todos los medios guardar la compostura, serenarte como pocas veces lo has logrado, y sin perder los estribos, le dirás que si no se silencia de una buena vez, jurarás, -con la poca dignidad que te queda-, no avanzar un sólo paso y aún cuando hagas lo que hagas, de manera imprudente o no, deberá dejarte manejar sin estresarte, sin agobiarte, sin machacarte en el hipotálamo que manejas peor que Steve Wonder y Cheo Feliciano juntos, y más le valdrá no emitir una sola palabra por lo que deberá mantenerse ecuánime y agradecido, pero sobretodo inmutable.

Por supuesto, tal advertencia podrá ocasionar un revuelo por parte de él, que dé como resultado, que te salgas con la tuya, o que él se salga del carro y decida irse por su cuenta.

Y si las cosas terminaran así de mal, lo que dudo, (porque si no puede manejar, tampoco tendrá la fuerza de buscar otra forma de irse), es posible que te lleves un disgusto, pero también te darás tu puesto (incluso como piloto) sin que más nunca nadie te humille, dejando el nombre de las  mujeres conductoras tan en alto, como el grito que te dará, para que dejes de dártela de "gallita".

Lamento informarte, que no porque le cantes las 40, él va a cambiar.

Seguirá pensando que eres pésima manejando, (como lo piensan todos los hombres de las mujeres), pero por lo menos después de leer esto, te quedará la satisfacción de saber que no estás sola y aunque eso tampoco te consuele, sí espero que te hayas divertido.
Antes de volverle a manejar a un hombre deberíamos dejarle muy en claro que "Si yo manejo, tú te callas"...

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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