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¿De qué invitación me hablas?

Este post es bien particular. No les voy a decir de qué trata, hasta que hayan leído, por lo menos más de la mitad y no les quede otra que terminarlo de leer.

Esta vez no se trata de una persona y tampoco de una situación, mucho menos de una circunstancia. Le daré el turno esta vez, a un insolente dialecto, que es muy común entre las amigas, tan así, que inclusive yo misma he sido su portavoz y lamentablemente he caído en la trampa de repetirlo, sin percatarme siquiera de lo burlesco que puede oírse. A veces quienes lo pronunciamos, lo hacemos deliberadamente y sin pizca de retraimiento.

Los oyentes que deben soportar el peso de sus palabras, la socarronería de quien las emite y lo insolente de su significado, en algunos casos, pueden llegar a sentirse contrariados, pues es una expresión burda, y cínica, que solo pretende chispear el ambiente con un aparente toque de cortesía, aunque en realidad lo que logra, deja mucho qué desear.

Quien la escucha, adivina que todo fue un suspicaz plan, estratégicamente fraguado, para convertir aquel dialecto en uno afable, a sabiendas de que la única verdad que subyuga, es la del descaro y la impudicia.

¿Qué verborrea será esta, que los debe traer de cabeza? Hay muchas oraciones en nuestro argot popular, que sin lugar a dudas son irritables. Más aún, si son pronunciadas con una actitud petulante que sólo busca enfadar a nuestro interlocutor.
Creo que llegó el momento de develar el misterio y que sin más ni más, me gustaría compartir con ustedes.

El dialecto al que me refiero con tirria, es el siguiente: “Hola amigas, este martes 30 de enero, deseo invitarlas (leyeron perfectamente, INVITARLAS), a un rico almuerzo en Café Wachi Wachi, con motivo de celebrarse mi cumpleaños. Porfa confirmen quienes puedan acompañarme. La pasaremos súper, engordando y chismeando…LAS ESPERO”


Después que estas 25 amigas recibieron de esta “espléndida” pines, WhatsApp, e-mails, mensajes de texto, de audio, videos, fotografías, PDF y videos de youtube, pasa algo, que es lo que yo traduzco como el latigazo repentino que me subió por la espalda, impulsándome a escribir este post.

Resulta que de estas 25 amigas, que se llaman para restregarse sutilmente que fueron las afortunadas de haber sido seleccionadas, para ser parte de una tarde frívola, aunque divertida, solo acuden 20; siempre hay un porcentaje que falta. Las mismas se esmeran, (como siempre que hay encuentros femeninos, por lo que acuden a la peluquería para secarse, hacerse manos y pies y podría jurar, que hasta para inyectarse colágeno y bótox.

Una vez que han superado esta primera parte de su esmerado arreglo, escogen concienzudamente cada una de las prendas que lucirán altivas y que deberá ir en perfecta consonancia con el estilo, la ocasión y lo más importante, las miradas inquisidoras de las demás serpientes, lo que las llenará de orgullo y absoluto control de la situación.

Una a una irán entrando al citado restaurante, comenzarán a saludarse exquisitas, se dirigirán a la cumpleañera y después de besos y abrazos fraternales, se acomodarán mientras coquetean con el mesonero, para pedirle un vinito.

Así transcurrirán un par de horas de degustar deliciosos platillos gourmets, de conversar trivialidades y de reírse, y una vez que terminen de comer y llegue el momento de cancelar la cuenta, esta cumpleañera (que no tiene ni la más mínima intención de sacar alguna de sus múltiples formas de pago), se mantendrá con una sonrisa fingida, seguirá parloteando con quien tiene a ambos lados y aquellas adorables amigas decidirán que entre todas pagarán la cuenta, aunque nuestra show woman haga el numerito infalible de querer pagar su parte, esperando que las amigas bramen un imperativo: “Noooo, ni se te ocurra pagar”.

Esta repetirá el discursito cansón de “Gracias amigas, qué bellas que me invitaron” y así culminará un episodio, que me dejará con ganas de lanzarle la cesta de pan vacía.

Y la pregunta que me hago una y otra vez, es de lo que trata este blog.

¿Por qué ésta artífice del plan utópico de invitar a todo un grupo de amigas a comer por su cumpleaños, no le pide a otra que le haga el favor de organizarle su evento, en vez de quedar como una zonza que se jacta de invitar, CUANDO TODOS SABEMOS QUE NO INVITÓ UNA PORRA?

¿Por qué llama, envía correos y escribe 3 veces la palabra invitar, cuando de eso no hay ni sombra?

Querida presuntuosa, el hecho de SER TÚ quien invite a tu cumpleaños, enviando todo tipo de mensajes que incitan a convidar, es para que entiendas y asumas, que todo lo que se consuma durante esa comida, lo deberías pagar tú.

Sí mi vidita. Aunque te dé retortijón estomacal y sientas la saliva pastosa y grumosa, considera que solo tú y tu chequera y/o tarjeta, deberán ser el match perfecto, una vez que la cuenta aterrice en la mesa. ESO ES INVITAR.

De otra forma, si quieres ser invitada por tus queridas amigas (súper válido), pídele entonces el favor a la que más confianza le tengas, para que diligentemente te organice una salida y le proponga a cada una de las “reinitas de tu lista”, invitarte entre todas (el desayuno, el almuerzo o la merienda), para que lo de la invitación no sea una palabra proferida por ti y no quedes como una idiota, QUE INVITA SIN INVITAR UN CUERNO.

Tan sencillo como suena.

Porque si no es tal cual como lo describo, si no es exactamente como lo explico y lo aclaro, dime entonces: ¿De qué invitación me hablas?

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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