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A mi no me lo contaron,
lo vi con estos ojos

Bebé en piscina / Foto Archivo criandobilingue.com

Bebé en piscina / Foto Archivo criandobilingue.com

Para ella, meter por primera vez a su niño chiquito en la piscina para recibir clases de natación era como meter a una langosta viva en aguahirviendo, en plena ebullición.

Los chillidos de ambos le daban ganas de morir decapitada en la horca, después de haber sido mordida por una boa.

En el caso de su hijo, le era insoportable oírlo desgarrarse de sufrimiento, por lo que comenzaría entonces a ofrecerle, parada en el borde de la piscina, desde chucherías sencillas (chupetas y chocolates) hasta una MacBook, partidos de fútbol de la UEFA Champions League, conciertos de Hi-5, Back Yardigans (de Barney no porque el niño lloraría más), Madonna, Cher, y por poco un fin de semana en Turks & Caicos, a ver si con eso dejaba de berrear.

El profesor, atónito, hacía un intento sobrehumano para reponerse de aquella verborrea de promesas insensatas, y le pedía a aquella mujer que por favor se retirara y lo dejara a solas con el niño.

Ella replicaba que lo haría, siempre y cuando el niño se calmara, porque si se alejaba "entonces su hijo se pondría peor y sería imposible sosegarlo"

Una vez que la situación se volvió incontrolable -porque era obvio que la mujer no cedía- intervino el coordinador, quien desde lejos observaba aquel "jaleo". Le dijo la "freak mom" que si ella no se tranquilizaba y no respetaba las indicaciones dadas por el profesor, entonces se vería en la penosa tarea de tener que retirar a su hijo de la actividad.

Era un forcejeo verbal, donde hasta el profesor tomó el derecho de palabra -con el niño enroscado a su cuello- para alegar que ella no lo dejaba trabajar.

Era de suponer que los ánimos de mis tres personajes comenzaron a caldearse, mientras el niño -castañeando de frío- observaba divertido y en primera fila aquel espectáculo de opiniones encontradas.

Otras mamás que también tenían a sus hijos en clases de natación escuchaban de refilón los dimes y diretes de aquella reyerta, que cada minuto se tornaba más intransigente.

Hasta que una de ellas, quien al parecer ya había pasado por algo similar, no pudo contenerse y comentó, dirigiéndose al par de caballeros: "Disculpen que me meta, pero ustedes deberían ponerse en los zapatos de las madres que se angustian de ver a sus hijos sufriendo durante las primeras clases de natación. Es muy normal que ella esté nerviosa -de ver lo que llora su hijo- y deberían tratar de ser un poco más condescendientes con toda esa situación".

Antes de que alguno de los hombres pudiese responder -abrumados por el discursito de este nuevo personaje- otra mamá quiso también sumarse al "stand up tragi-comedy". En contra de la intervención de quien defendía a la "freak mom" dijo, autoritaria: "Si los profesores tuvieran que ceder con cada niño que llorara, y con cada mamá tonta que no colaborara, entonces todo se convertiría en un caos y las clases, tarde o temprano, tendrían que suspenderse. Porque madres y profesores estarían enfrentándose continuamente".

Para hacerles el cuento corto, las dos madres que se unieron a última hora al "performance" comenzaron a discutir acaloradamente entre ellas.

Comencé  a buscar a la mamá inicial de mi historia (la "freak mom"), pero me di cuenta que, muy sutilmente, había desaparecido en mis narices con su hijo, así como el profesor y el coordinador. Mientras tanto, estas dos luchadoras de sumo se caían a trompadas de manera indetenible, lo que provocó la aparición de dos hombres de seguridad, llamados por algunos de los estupefactos que observábamos aquel squetch. Intervinieron apresuradamente para llevárselas a las oficinas principales del club, donde seguro las sancionarían por el espectáculo circense (las barbaridades que se dijeron, prefiero no revelarlas).

Esta no era la primera vez que estas dos "bellezas" se caían a mordiscos. Al parecer ya habían tenido enfrentamientos anteriores, y cuando la segunda mamá vio que la primera discutía, quiso meterse adrede para tener motivos de despellejarla.

¿Saben por qué se tenían tanto odio estas dos?

Ni idea, y como no se me ocurre nada, los invito a darle un final increíble a esta historia, por lo que estaré muy ansiosa de escuchar sus creativas respuestas. El final que más nos convenza, lo adaptaré al relato con el consentimiento de su creador.

Lo lamento si los dejé con esta cara ������, pero me pareció interesante propiciar una interacción con ustedes, mis lectores. Espero sus finales.

Una cosa: nada de esto pasó en realidad, no se asusten.

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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