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Que alguien me explique

¿Por qué si antes podíamos pagar el ticket del estacionamiento en la comodidad de nuestro vehículo, amenizado con nuestro cd predilecto y ambiente climatizado, ahora decidieron, que el ticket lo pagaremos, parados en una colota interminable, cargados de bolsas y rodeadas de niños enloquecidos?.

La cajera mientras tanto, decidirá cuando querrá  cobrarnos, porque ella estará chateando por celular o mirándose en un espejito de Badtz Maru.

Aquel que decidió, que eso representaba comodidad alguna para los extenuados consumidores, probablemente estaría en drogas.

Después del tute, que ya supone entrar a las tiendas, entre otras diligencias, es obvio que lo que uno quiere es llegar al carro, lanzar ese montón de bolsas y sentarse temblando de felicidad por haber llegado a la meta.

Porque sepamos algo; eso de ir a patear centros comerciales, es una labor demoledora más si vamos con el propósito de conseguir aquello que nos encomendaron.

Pero resulta, que debemos esperar minutos interminables, soportando un barullo enloquecedor y el cansancio de mantenerse de pie, recibiendo empujones y codazos y con la cartera tan apretada al cuerpo, que cuando por fin te la separas, extrañas aquel bulto, que prácticamente te incrustaste y por un momento creíste que era parte de tu abdomen.

Sin embargo, surge un detonante que nos hace aún más insufrible esta actividad impuesta desde hace unos años, y es cuando de las 8 taquillas que deberían estar funcionando, solo hay una que trabaja. Increíble. Sólo una, que por supuesto, ni en tus sueños, estará cerca de tu carro.

Resulta que esa taquilla furtiva, queda del otro lado del centro comercial, 4 niveles más arriba del piso donde estás estacionada y cuando por fin das con ella, te paralizas de ver que en la cola, hay por lo menos unas 15 personas danzando, comiendo cotufas, hablando por celular y regañando a sus hijos, mientras les llega su turno de pagar.

Después que logras pasar esa etapa (como si estuvieras en un juego de Mario Bross), te diriges a tu carro, pero ahora no tienes ni remota idea de donde fue que lo paraste.

Te acuerdas que solo tienes quince minutos para salir de ahí, pero no sabes si bajaste o subiste y si fueron 3 o 4 pisos los que tuviste que transitar, para conseguir la escurridiza taquilla.

En ese lapso que ya no sientes ni los latidos del corazón, (porque crees que estás por atravesar el túnel, donde verás la luz y todo ese cuento chino), te llama uno de tus hijos, para preguntarte si le compraste el juego de escuadras y la tijera punta roma, motivo por el cual habías planificado esa salida al centro comercial.

Le dices que no tienes señal y que ahora lo llamas. Lo que quieres es cortarte las venas, pero no tienes con qué. Se te olvidó por completo comprar lo solicitado, así que de nuevo te diriges a los pisos donde están los locales y aunque corres por tu vida, (para que esos quince minutos no se extingan), después que logras comprarlo, te diriges de nuevo al carro, pero concluyes que no te va a dar chance salir de ahí.

Respiras hondo y con pies de plomo, te encaminas una vez más a repagar el dichoso ticket.

Esta vez pasa, que la señorita, no tiene vuelto para tu billete de 50. Es algo inaudito, pero es lo que hay.

Te volteas resoplando como King Kong, mientras le preguntas a los que están detrás de tí, si tienen cambio para tu billete. Nadie responde, sólo los ves pasando delante tuya, haciendo como que buscan, pero te das cuenta que es una parodia, una tramoya, y mientras te chinchas viendo, que ellos sí logran cancelar su ticket, tú sigues ahí parada, con ganas de armar un berrinche infernal.

Cuando por fin logras salir de ahí, te preguntas una y mil veces, ¿por qué decidieron que el tema de pagar el ticket se volviera algo tan engorroso y complicado?

¿No era muchísimo más cómodo a lo antiguo? ¿Qué es eso de estar corriendo por todo el estacionamiento, inhalando CO2 y cargada hasta los teque-teques?

Sales de ahí y juras escribir un artículo en el correo de pueblo, quejándote por esta modalidad cero cómoda de pagar. Pero no lo haces y en vez de eso, escribes un blog y aunque nadie te dé una solución lógica, por lo menos ya drenaste parte de tu rabia.

En serio, que alguien me explique.

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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