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The True Hollywood Story

El hombre necesitaba llegar a su casa, para dejarse caer en el ergonómico sillón de cuero negro raído que tanto adoraba.

Pero había un detalle que le evitó hacer uso de su mueble predilecto; jamás pensó toparse con una mujer poseída por el rey de los demonios, que cuando lo vio entrar con la misma cara de pánfilo de siempre, esperó sin decirle nada, que éste le formulara la pregunta infalible:

- Hola Lis. ¿Cómo estás? ¿Qué hay de comer?

Ella comenzó a inquietarse, sin demostrarle que se empezaba a encolerizar, por lo que señaló que se encontraba bien, dejando en blanco la segunda parte del formulario.

Él insistió.

- Qué hay de cenar Lissette? Me voy a bañar. Avísame cuando esté servida la cena porfa. Almorcé muy mal hoy.

- No terminaste de entrar, cuando ya estás exigiendo comida. Ni siquiera me preguntas cómo hice hoy sin carro. Tampoco te veo muy interesado en saber cómo están las niñas. Solo te importa tu estúpida hambre, mientras yo, por ejemplo, estoy harta de la misma rutina que me tiene loca.

- Si vas a empezar a quejarte de tu mala suerte, dímelo de una vez, para largarme a casa de mi mamá a comer. No tengo ganas de discutir hoy.

- Vete a donde te parezca. No me andes amenazando y lárgate de una vez. Eso es lo que deberías hacer. Salir de tu oficina directo a comer a casa de la espantapájaros de tu madre. No te aguanto, y cada vez que te oigo llegar, se me arrevuelven las entrañas.

- Te callas loca. De mi mamá tú no te expresas así. Cada día te soporto menos. ¿Qué te pasa? ¿Por qué tan histérica?

-Porque sí, porque quiero. Porque fuiste incapaz de felicitarme por mi cumpleaños el martes pasado. Ni siquiera te acordaste. Las niñas me preguntaban si me habías llamado y les decía que sí, para que no se entristecieran. Nunca me sorprendes con ningún detalle, sabes por qué, porque das por hecho que soy tu esclava y que te tengo que atender cada vez que llegas. Tengo que ser la esposita y madre perfecta. La cena lista, los baños limpios, las niñas impecables.
Y me pregunto ¿para qué? ¿Qué vida es esta que estoy viviendo? ¿Dónde empiezan mis beneficios y donde terminan? Si es que alguna vez soñé en tenerlos. No te soporto.

- Lo de tu cumpleaños ya pasó, así que pasa la página que todos los años cumples.

-Eres un idiota. Aunque haya pasado, disimula y hazme creer que todavía te importo. Llévame a cenar, cómprame algo bonito.

- ¿Para qué te voy a llevar a cenar? Para que me digas que estás a dieta y termines comiéndote una insípida ensalada, después de apoderarte de casi todo mi plato, metiéndole mil veces el tenedor?
Me harto de tus dietas que no dan resultado. De tus quejas porque nada te queda, haciéndome creer que si no tienes ropa es porque yo no quiero que te compres, cuando la única realidad es porque estás hecha un mamut. Todo el día la misma queja: "no tengo nada que ponerme. No sé cómo voy a hacer. Pero no me quiero comprar nada, hasta que adelgace”.
¿Hasta cuándo el cuento chino ese?
Además. ¿Tu cumpleaños no fue hace un mes?

-No imbécil, ese fue el de Sara, pero eso es lo de menos. Igual nunca veo la diferencia.
Si fue o no fue, me da completamente igual. ¿Acaso me sorprendes con algo? ¿Me llevas a cenar? ¿Me regalas chocolates o algo que pueda estrenar?

- La última vez que te regalé chocolates, terminamos en la emergencia. No te puedes comer uno, nooooo, tienes que devorarte la caja entera como una desenfrenada, porque “te va a venir” y estás ansiosa. ¿Cuántas menstruaciones te vienen al mes? 32?
Cuando te veo comiendo, por un momento creo que en tu otra vida fuiste de Biafra y por eso eres así de desesperada.
Te empachaste de tal forma, que terminamos en la emergencia y mi mamá tuvo que venirse esa noche a dormir con las niñas, porque La tuya "con lo preocupada que estaba con tu indigestión", ni siquiera salió de su casa. La pobre estaba muy nerviosa y podía empeorar las cosas con su actitud.

- No me saques tonterías. Mi mamá sí se estresa cuando alguno de nosotros está mal. Tan así, que se le sube la tensión y lo sabes. Ya una vez le pasó, cuando mi hermana que venía de Nueva York, no terminaba de aterrizar, no es mentira.
Lamento sí te molesta que mi mamá la pase fatal por su hipertensión.
A la tuya es a la que le da completamente igual todo. Es inerte.
Además, ¿por qué no te vas un poco más atrás y me dices por qué fue que me "empaché", como dices tú, con esos chocolates que me trajiste? Porque estaban en mal estado y aun cuando te lo dije, me dijiste que estaban buenísimos y que si yo no los quería que te los diera.

- Y entonces ¿por qué no dejaste de comerlos si estaban tan malos? ¿sabes por qué? Porque eres una cerda. Después me andas criticando la barriga. ¿Y tú? Y esas piernas que ya no te caben en los bluejeanes.
Ayer mismo me dijiste que te habías metido tus buenos kilos y fui yo de imbécil a decirte que no te preocuparas, que a mí me gustaban la rellenitas.
Quieres oír la verdad? te la diré con gusto. No me gustan las vacas y tú eres la reina del ganado vacuno.
Nunca habías estado más grotesca y deformada. Si mi barriga te molesta, tus caderas, tus piernas y el tremendo culo que sacaste, me tienen apenado. Esa es la pura verdad.
No me veas con esa cara de ofendida. Tú empezaste todo esto.
Yo vine muy tranquilo de la calle y me encontré con tu mal humor desatado. A ver si lo encierras. Me provocas, y esto es lo que consigues.

-Sabes qué te digo. Que no quiero que me digas ni una sola palabra más. Lárgate. LAR-GA-TE. Fuera de mi casa.

- No es tu casa. También es la mía.

-Pero están mis hijas y si no te vas, me voy con ellas y no nos ves más a ninguna.

- Estás de atar. Más loca que una cabra montesa. Si tú crees que con esa actitud de "gallita" me vas a amedrentar, estás completamente errada. Esta casa la compré yo, la pagué todita y aunque está a nombre de los dos, sabes que me pertenece.

-A mí no me importa quien la compró. Si quiero que te largues, te vas de una vez, porque si yo lo hago, me llevo a las niñas.

- A menos que ellas no quieran.

-Claro que van a querer. Ellas prefieren venirse conmigo, que quedarse con un infeliz como tú.

- Sigue hablando paja. Menos mal que están dormidas. Mañana en la mañana, vamos a resolver esto de una vez.

-Mañana una mierda. Ahora mismo lo vamos a resolver.

- ¿Qué vas hacer tipa loca?

-Loca tu madre. Ahora mismo las voy a levantar para que oigas de sus bocas con quien prefieren quedarse. Si responden que conmigo, AHORA MISMO te largas.

- ¿Y si no?

-Eso no va a pasar, pero en caso de que así sea, me voy yo a casa de mis padres y tú te quedas con ellas, porque total, la casa es tuya...

- Niñas. Lucy, Sara, por favor levántense.

-¿Qué pasa má? ¿Por qué nos levantas?

-Su padre y yo queremos preguntarles algo. Siento levantarlas a esta hora, pero nos urge hablar con ustedes.

-¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan roja?

-Quiero que sepan que su padre y yo discutimos y le estoy pidiendo que se vaya de la casa. No podemos seguir viviendo juntos. Por lo menos, no por un tiempo. Tal vez, más adelante, pero por ahora estamos muy molestos y decidimos que su papá se tiene que ir.

-Má, ¿Por qué? No queremos que se vaya.

-Pá, te queremos acá con nosotras. Porfa.

-Eso no lo vamos a discutir ahora. Necesito que me respondan ya, si quieren quedarse con él o venirse conmigo.

-Má, no nos hagas esto. No podemos decidir con quien queremos quedarnos.

- Dejen de llorar como unas bobaliconas y respondan. Lamento si esto las molesta. Sólo digan, con quien prefieren quedarse.

- No queremos decidir eso ahora.

-Y tú Sara.

-Yo pienso igual que Lucy. No sé con quien quiero quedarme. Tengo sueño. Me quiero dormir…

- Yo también...

-Niñas por favor, queremos terminar con esto de una vez.

-No mamá, de verdad queremos dormir. Siempre nos hacen lo mismo. Tú y papá se pelean, se arreglan y a nosotras nos cortan el sueño. Estamos hartas...

CORTEEEEEN!!! Lo hicieron muy bien. Mañana seguimos grabando...

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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