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Nadie quiere a gente sobrada e inalcanzable

Nadie quiere a gente sobrada e inalcanzable

Qué mala costumbre tienen algunos, de saludar sólo cuando "Urano está regente en su signo".

Se imaginan bajarse una aplicación de los planetas y sus constelaciones y sólo saludar cuando, según los astrólogos, nuestro signo esté in the mood y, cuando no, poner poker face?

Es que me parece insoportable que exista un grupúsculo de gente que actúe como esa famosa canción de Julio Iglesias: "A veces si, a veces no", y que uno se "Bambolee", ante tanto despotismo.

Yo, por ejemplo, casi siempre voy de naif a lanzármele a todo aquel que conozco. Más si hasta hace unos días compartí, además de un saludo, una conversación amena.

Sin embargo, a los dos días que me vuelvo a topar con este escurridizo personaje, el o ella, se hace como el que no me ve y eso es algo, que me deja boquiabierta.

Estaré de atar o ustedes han pasado por lo mismo?

Al parecer me demuestra su aprecio, y como estoy segura que nos caemos excelente, pues entonces pongo de manifiesto el grado de efusividad que suelo emplear, y el que estoy segura, me será devuelto, en la misma intensidad.

Pero stop, una actitud adusta y recortada, es lo que percibo, haciendo que la apatía insoslayable de un saludo efímero, me frene de golpe.
Uno es como es, pero no siempre se puede ser tan blandengue y bonachón.

Está muy bien que a veces demos el primer paso y seamos quienes saludemos, busquemos conversación, nos interesemos  en nuestro interlocutor. Dos veces también lo acepto, 6 veces sigue siendo soportable, pero que 18 veces seamos siempre nosotros los que tomemos la iniciativa, ni hablar.

Llega un momento, en que lo que uno quiere es mandar a la misma porra (en primera clase y sin escalas) a toda esa gente idiota que nunca quiere tomar la batuta.

Por lo general esto es más común entre las mujeres.

Claro, también hay algunos hombres, que pecan de hacerse los Willis, sin embargo somos las damas las que llevamos la delantera en esta materia.

Es por eso que quiero dirigirme a ti en particular, -querida lectora que no te gusta saludar, que te haces la loca cada vez que puedes, que simulas no haberme visto, (cuando sabes perfectamente que si yo te vi, tu también a mí),-que si ambas nos saludamos, -haciendo uso de la mínima expresión de cortesía social-, para nada deberías pretender que nos demoraremos más de un rato intercambiando trivialidades y un escueto "hola cómo estás?".

Si el problema es que estás apurada, -y por ende no puedes detenerte-, quiero confesarte que yo también lo estoy, sin embargo, el hecho de que te pares tan sólo un minuto a decir "hola", y con ello demuestres que eres gente, educada, afable, y cordial, "jamás de los jamases" -debería ser fin de mundo.

Un mini break -en tu apretada agenda- no debería arruinarte los planes de lo que te queda de día. Es que se me hace especialmente irónico que siempre estamos insistiéndole a nuestros hijos para que saluden, cuando nosotros mismos no somos capaces de dar el ejemplo. Hacemos verdadero énfasis -cuando nos encontramos a personas conocidas- y nos volcamos hacia los niños, para que sean educados.

Sin embargo, y aunque parezca extraño, somos los primeros en desacatar las normas.

No les ha pasado que ellos nos dicen, emocionados, que ahí está nuestra amiga "Wachovia" o "Segovia", y les decimos: "No importa, corre, que me da fastidio saludarla".

Es que actuamos como cabras montesas. Como locas que necesitan una camisa de fuerza, porque cualquier acción nos delataría de nuestra fechoría.

Decimos una cosa, hacemos otra, exigimos lo contrario de lo que hacemos ¿Qué es eso?

Pareciera que esta vida desbaratada que llevamos nos obliga, irremediablemente, a proceder de esa forma.

No justifico ni justificaré a aquellos que huyen por la derecha y no me levantan la cara. No se trata de mendigar "saluditos", para nada. De lo que se trata es de actuar como seres civilizados que se mueven en una misma sociedad y, nos guste o no, seguiremos visualizándonos durante las próximas ocasiones.

No es posible saludar sólo cuando nos topemos cara a cara con la persona, o cuando necesitemos algo de ella.

Reconozco que aunque lo critico, he pecado infinidad de veces.

Me retracto, no está bien y los invito a dar el primer paso.

Saben qué?

Cero orgullo.

No está de moda, se ve ridículo, no trae beneficios y, lo peor de todo, si crees que por adoptar esa actitud de diva te van a querer más, estás ponchada. Ni en tus sueños.

Nadie quiere a gente sobrada e inalcanzable.

Sólo te querrá tu mamá, de resto creo que ni tu marido.

Hagan la prueba, den el primer paso: say hello.

Los resultados te sorprenderán.

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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