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Nuevo método de conquista: Ser más agarrado que vieja en moto

Se acuerdan de esas mujeres que entraban a los restaurantes para ofrecerle flores a las parejitas que veían en una situación romanticona?

Era muy común encontrárselas en los restaurantes más visitados y verlas merodear las mesas y preguntarle a los caballeros si deseaban halagar a sus compañeras con una flor.

Algunos caían, porque probablemente estarían en plena conquista y lógicamente no querían aparentar, -desde tan temprano-, lo recortados que pudiesen llegar a ser en un futuro cercano.

Otros, quizás con una personalidad más recia, le hacían saber a estas "floristas ambulantes" que no estaban interesados en adquirir nada de lo que ellas ofrecían, a lo que la vendedora desistía, para seguir en la búsqueda de nuevos clientes.

Sin embargo, hace unos días, estando en un restaurante concurrido en nuestra isla Margarita, (llamada así en honor a Margarita de Austria, princesa de Castilla, hija política de los Reyes Católicos), me pasó algo que quiero narrarles.

Entró una de estas vendedoras a ofrecer su mercancía (al restaurante donde cenábamos), y después de pasear por el lugar y de preguntar y de recibir puras negativas, finalmente se detuvo en la mesa vecina a la nuestra, que estaba ocupada por una pareja no muy joven, pero tampoco muy madura.

Llevó a cabo lo que hacía años llevaba practicando y el caballero no dudó en aceptar una flor para su compañera.

Cuando éste le preguntó el precio y la vendedora le respondió, comenzó lo que yo puedo traducir, en el motivo idóneo para escribir este nuevo blog.

Afilé no sólo la punta de mi lápiz, también la de mis oídos y me dispuse a fisgonear aquel diálogo que se tornaba interesante.

-Buenas noches. Cómo la pasan? Una flor para su bella acompañante. Qué mejor manera de conquistarla, verdad señor?

- Hola. Cómo está? Eh, bueno si. Por qué no? Cuánto me sale la flor?

- Mire, están en 230 bolívares.

- Guao, como mucho no? Una sola flor 230? Déjame eso más económico amiga, que además de la flor también vamos a cenar.

A todas estas, la mujer que acompañaba a Gastulo (por aquello de que su gasto es nulo), si al principio tenía una sonrisa de complacencia, en la medida que la conversación avanzaba, la sonrisa se le borraba del rostro para darle la bienvenida a un amargo rictus.

El seguía negociando.

- Entonces amiguita, en cuánto me dejas la flor?

- Ay señor, no puedo menos que eso. Déme 200, mire que tengo el mismo precio desde hace tiempo.

- No vale, eso es mucha plata para una flor que en pocas horas va a marchitarse. Déjamela en menos.

- Ya le dije señor, en 200 bolívares se la dejo.

- Vamos a hacer algo, te voy a dar 150 bolívares y paramos la discusión. Te parece?

- Ay no señor no puedo. 200 es lo menos. No creo que 50 bolívares le representen mucha plata.

En ese "tira y encoge", que no llegaba a nada, se demoraron unos 5 minutos.

Hasta qué por fin saltó la mujer que estaba con él, para decir lo siguiente: "de verdad que ya no más Ricardo. Me quieres comprar una flor y estás regateándole a la pobre mujer desde hace más de 15 minutos. Señora, por favor tome 250 bolívares y quédese con el cambio.

- Pero bueno Ramona (así se llamaba, no estoy inventando), tampoco tienes que pagarla tú. Sólo que me parece costosa para lo que es.

- Ajá, pero si vas a regalarme algo, me parece terrible que pidas descuento y más delante mía. No me compres nada chico. No necesito flores.

Más bien llévame a mi casa. Si esa es tu manera de conquistar a una mujer, qué desilusión.

- Sabes cómo es la cosa mi reina? Tengo full hambre. Si quieres, espera a que termine de cenar y si no, agarra un taxi.

Y aunque ella no podía creerlo y nosotros menos, finalmente se levantó y se fue del restaurante.

La vendedora nos contó todo con pelos y señales y nos dijo que no era la primera vez que le pasaba algo similar, que ya estaba acostumbrada a situaciones como esa.

Sin embargo, en otra mesa cerca de ellos, estaban otros 2 caballeros acompañados de mujeres.

Ellos, al igual que nosotros, también vieron horrorizados aquel episodio, porque se lo comentaban, pero para hacerles el cuento corto,  quedaron "tan sorprendidos", que cuando les llegó la cuenta, la dividieron entre 4 y cada uno pagó lo suyo.

Y ahora yo me pregunto, creen ustedes que ese sea el nuevo "modus operandi" de los caballeros al momento de conquistar? Ser más agarrados que vieja en moto?

Estaré muy complacida de conocer sus impresiones. Pongan like si les gustó el cuento y si no les gustó... escriban un comentario, de que les encantó.

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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