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Gym nadie te quiere

La otra vez, estaba llegando al gimnasio y me encontré a una buena amiga, que justo salía en ese momento.  Naturalmente estaba feliz, porque ya había terminado su tarea.

Lo primero que me dijo fue, "ahora es cuando llegas?, porque yo estoy de salida, (risas), no te envidio nada". Ella seguía con el maltrato psicológico. "Me voy a bañar y a desayunar rico. De verdad que ansío este momento más que ningún otro."
A pesar del malestar que me empezaba a invadir, y de retorcerme de rabia, por no ser yo quien se dirigiera a "bañar y a desayunar rico", sólo me retumbó la frase:"No te envidio nada"...

Y qué razón tenía, porque cuando uno llega al Gym y ve gente que ya está de salida, -con la evidencia del sudor plasmada en la camisa-, y list@s para bañarse y saltar de felicidad en la ducha, uno quiere como morirse.

Darse cabezazos contra la pared y preguntar "por qué yo, por qué a mi?"

Para mal de males, la personita en cuestión, que ya finalizó con la rutina apocalíptica (por aquello de la elíptica), sin ninguna sutileza   te restriega, que ya hizo su cuota de ejercicios. Habla con desparpajo que ahora es tu turno de matarte y de dejar en la trotadora, la opípara cena de la noche anterior, que seguro finalizaste con merienditas, que se extendieron hasta las 11 de la noche.

Qué mal rato se pasa, cuando se vive en carne propia ese tipo de diálogo, que lo que deja como "souvenir", es un remordimiento imputado, a quien apenas se inicia en el ejercicio.

Quien ya terminó,  y se siente merecedor de vítores y aplausos, debería ser menos cruel y silenciarse.

Aquel que apenas va a dejar el alma en esa infraestructura tormentosa, -llamada gimnasio-, ya pasó su mal rato, al momento de vestirse y de inventarse mil excusas para no ir.

No está bien amargarle más la vida.

Ya este personaje se encomendó a los dioses, para que hubiera un apagón general y así tener el pretexto ideal de no tener que ir ese día. También se metió en internet (20 veces), para consultar la página meteorológica, deseando que lloviera con granizo, para poder jubilarse, con la conciencia tranquila.

No me parece atosigarlo más de la cuenta.

Estuve pensado, que si hay más asesinos sueltos en el mundo, es por gente que se jacta diciendo que ama el Gym y que lo "necesita" cada día de su vida.
Yo lo que necesito es comer sin culpa y que la ropa me siga quedando, pero no por eso voy a admitir que me apasiona y que lo considero mi hobby predilecto.

¿Qué es eso?

Uno no puede vivir sin aire, sin chocolate, pero sin Gym? De verdad que las ridiculeces que hay que aguantarse...

Lo que siento, -cuando ya llevo una media hora trotando-, es que se me va a salir un pulmón y no podré atajarlo.
Aunque después que lo pienso, cuando logro completar mi agoniosa jornada de cardio (que si no hago cada día juro por mi vida, que ningún bluejean me va a quedar), doy fe, de que la felicidad que me envuelve -cuando culmino-, es inexplicable.

Es un sentimiento ambiguo que no sé como transmitirles. Detesto con todo mi ser cuando tengo que ir, pero después que hago ejercicio, salgo como Heidi, danzando (aunque viendo doble), por una pradera que me invento y casi que dando saltitos de felicidad y tarareando la última canción que escuché en el iPod.
Es el efecto que tiene el Gym sobre mí, -no por lo de las endorfinas y toda esa ridiculez-, sino porque podré comer lo que quiera, sin tener que contar calorías.

Una sensación contrarresta la otra.

El yin y el yang, el bien y el mal, (Gualberto y Barreto).

Ahora bien, cuando soy yo la que está de salida y me topo con alguien que apenas va a empezar, la historia es otra.

Sé perfectamente lo que siente aquel que me ve, cuando yo estoy lista y el/ella apenas va a empezar.

Debería prohibirse el regodeamiento con aquel tema, cuando ya uno "hizo la tarea".

Sólo cuando ya nadie nos vea, entonces podremos susurrar "Soy lo máximo que ya salí de esto. Me amo infinito".

Pero lo que no está bien, es hacerlo en la cara de quien apenas comienza su lastimoso vía crucis porque es como hacerle bullyng.

Es que sudar a mares, y que el cansancio, el dolor y el aburrimiento, sean "parte de aquella rutina insufrible", es una tarea que requiere de tiempo y  disciplina.

Que muchos nos pongamos los audífonos para ahuyentar el tedio y aparentar que la estamos pasando bien, es un teatro que podría estar a la altura de los más taquilleros de Broadway.

En fin Gym, qué puedo decirte que tu no sepas.

Que te detesto desde lo más profundo de mis entrañas.

Que cuando alguien habla bien de ti, quiero darle un puño y preguntarle -con cara de estar poseída-, por qué tanto amor.

Que el tener que soportar constantemente, cómo te alaban   en revistas, internet, en la tele y en tanta publicidad que te promociona a cada momento, es algo que me desgarra.

Esas personas que como yo, tienen que hacer grandes esfuerzos para lograr montarse en tus detestables máquinas, -muy modernitas todas, pero aborrecibles al fin-, honestamente me vuelve loca.

Aunque recurra a ti cada día de mi vida, quiero que sepas, que sólo lo hago por conveniencia.

Sí, soy una interesada y te uso para mi propio bienestar. No te quiero y no te querré jamás. Y quieres saber lo peor? esos que se vanaglorian diciendo que te extrañan, -cuando por alguna razón no pueden visitarte-, en realidad mienten.

Lo que pasa que a todos nos conviene "usarte", aunque deseemos prenderte en llamas.

Era hora de que te enteraras. ¿Me oíste Gym? nadie te quiere.

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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