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Etimología de C.A.N.A.S

C uando
A sumimos
N uestra
A ngustiosa
S ituación

Como bien dice el título de este blog, si hay algo, que deliberadamente pone de manifiesto nuestro adentramiento a la temida vejez, sin lugar a dudas, son las canas.

Esos pelitos que comienzan a asomarse de la noche a la mañana (y sin previo aviso), son la alarma infalible que nos avisa, que los años no pasan en vano y por más que queramos disimular nuestra agoniosa realidad, no habrá manera de evadirla. Para allá vamos todos nos guste o no.

Blanquecinas y aunque indefensas, son como púas pinchantes que irrumpen en nuestro cuero cabelludo.

Es por ello que quiero narrarles una simpática historia, donde mi  "virtual" amiga Blanca fungirá como la protagonista estelar de la misma.
Efectivamente esta amiga, se levanta un buen día en la mañana, y cuando se dirige al baño, observa en el espejo unos cuantos mechones grisáceos que delatan su cuarentena de años.

Así es, como después de una mirada desdeñosa, asume que los años no perdonan, y mucho menos, los genes implacables que la escogieron desde el vientre materno para inocularle a temprana edad, una cabellera (que aunque frondosa), bastante salpicada de mechones albinos.
Cree que es una broma macabra del destino y decide pues, tomar las llaves de su carro y cual ráfaga huracanada salir a la peluquería que en este momento vislumbra como un oasis en medio del desierto.

Mientras va en el carro, siente que una sensación indescriptible le invade el sistema nervioso -dejándola muy vulnerable-.

No sabe como mitigar ese sentimiento obcecado de creer que aquello le puede pasar a los demás, pero no a ella que apenas está saliendo del cascarón... (Con 40 y pico saliendo del cascarón, será del cascarón de un Tiranosaurio).

Una vez que llega, pide hablar con Maryolys, (su peluquera de confianza), pero la cajera la ataja diciendo que tiene el día libre, pero que la puede atender Marioxi.

Ella está en modo "me va a dar algo", pero acepta a la nueva ilusionista que le asignan y que en un periquete le tapará esos reveladores pelillos.

Está deseosa por verse la pelambrera color "juventud" y no "bisabuela que teje escarpines".

La tal Marioxi le pregunta, qué desea hacerse y mi protagonista extrañadísima le contesta que si no es obvio que cubrirse las canas.

Le comenta que está por irse de viaje a Punta Cana y que quiere ir radiante y fabulosa.

La peluquera no entiende mucho y mi amiga sigue parloteando sobre su incapacidad de aceptar esos mechones violáceos que le arruinan su imagen aniñada.

Se queda hablando de lo rápido que le han pasado los años y aunque ya la peluquera no está con ella, (porque se fue a buscar el tinte y un café que la enmudezca), mi amiga no calla.

Después que le trae el café, Marioxi procede a trabajar.

Así es como comienza a escarbar entre las capas de cabello y después de unos minutos, exclama que las pocas canas que tiene no se le notan, que en todo caso lo que necesita es una larga lista de tratamientos tales como mechas, corte de puntas, brillo de seda, hidratación, secado, manicura y hasta un masaje facial.

Mi amiga le responde que eso no está contemplado, ya que su prioridad es erradicar las canas (porque aquello la trae "de los pelos").
Marioxi insiste en que si está tan preocupada, empiece entonces por hacerse una mega hidratación, un buen corte de pelo y hasta un blanqueamiento de dientes.

Mi amiga cree que "le está tomando el pelo", por lo que molesta le dice que sólo fue a taparse las canas y que lo demás lo irá viendo.

La mujer enmudece y comienza a mezclar el tinte con el que le cubrirá las "delatadoras de edad".

Sin embargo una fuerza extraña se apodera de Blanca, y le dice que tiene razón. Que ahora que lo piensa, sí necesita de otros tratamientos más asertivos y que está dispuesta a dejarse aconsejar por ella, que es más entendida en la materia.

La peluquera esboza una sonrisa y después de guiñarle el ojo, le dice "prepárate al cambio, te voy a dejar tan bella, que de las canas ni te vas a acordar" y después de un corte, de mechas y un poco de desriz, se da cuenta que la mujer no se equivocó.

El tema de las canas era exasperante, pero gracias a esos 5 pelos blancos, ella supo que un cambio trascendental era inminente para verse aceptable. Ahora las canas ya no se le ven.

Así que cuando termina y se dirige a la caja para pagar, ya no son "canas" lo que tiene, sino "ganas" de morirse y de salir corriendo.

Blanca se queda como la nieve y así es como la peliaguda cuenta, la deja tarareando -con la mirada perdida-, aquella canción infantil que de pronto le da por cantar... "aguda, peluda, pelempenpuda" y se va de la pelu, "CANAlizando la situación y detestando todo lo que tiene que ver con canas... menos Punta Cana.

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Sobre el autor

Katy Chocrón

Amante de la redacción. Nació en Marruecos, y asegura que lo que más le gusta es poder hacer sentir a sus lectores partícipes de sus múltiples historias, todas basadas en la cotidianidad y en el día a día de la vida misma. Acaba de publicar su primera obra: 40 Cuentos de cuarentonas

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